24 de diciembre 2007 - 00:00
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Más allá del apoyo político dirigido por los gobernadores al Programa de Uso Racional y Eficiente de la Energía federal, las advertencias llegan desde la opinión de expertos e investigadores, que destacan los trastornos que ocasionará el cambio.
Se apunta que la medida está «pensada para Buenos Aires» y que será particularmente contraproducente en la zona oeste, ya que generará un anochecer muy tardío y, además, en algunos casos obligará al uso de iluminación en el inicio de la jornada. Junto a estas dudas sobre el real ahorro de energía que se logrará -la Nación habla de un abstracto «5 por ciento»-, se agregan el supuesto impacto negativo sobre la salud.
«Cuando la gente se levante para ir a trabajar, si el sol sale ahora a las 6.35, con una hora más, cuando se levanten va a estar de noche, y van a tener que encender la luz», ejemplificó, respecto del caso de Mendoza, Federico Norte, del Centro Regional de Investigación Científica y Tecnología, e investigador adjunto del Conicet.
Es justamente en este distrito cuyano donde se expresa fuerte preocupación, por tratarse de una provincia ubicada al oeste del país. Al encontrarse en similar posición dentro del mapa, también esperan inconvenientes en San Juan, Catamarca, La Rioja, San Luis, Tucumán, Salta y Jujuy. En estos distritos, cuando comience a aplicarse el nuevo huso horario -2, el mediodía (el sol en su punto más alto respecto del horizonte) coincidirá con las 15 horas.
«Esto puede ser viable en algunas semanas, pero sólo en la Ciudad de Buenos Aires, que está a mil cien kilómetros de Mendoza y que no le corresponde el mismo huso horario que nosotros», agregó el científico mendocino.
A su vez, en las provincias más australes, al fenómeno de la longitud geográfica se agrega el efecto de la latitud, que genera días mucho más largos en verano. Con el adelantamiento de una hora previsto por el gobierno, algunos puntos patagónicos tendrán una extraña puesta de sol, en torno a la medianoche.
La opinión de muchos expertos apunta además que el adelantamiento horario tiene relativa efectividad para el ahorro de energía y que, en realidad, un cambio de horario en la atención de la administración pública o en industrias sería una medida más efectiva.
A esas dudas se suman los posibles problemas físicos y psicológicos que ocasiona adelantar el reloj. En esta lista se incluyen trastornos del sueño, psiquiátricos y cardiovasculares, así como un incremento del estrés. El impacto se da a nivel general sobre el llamado «reloj biológico», en tanto que también afecta el ritmo cotidiano de trabajadores y estudiantes que deben iniciar su jornada en horario nocturno.
Por su parte, para alentar aún más la polémica, varios expertos coinciden en que el cambio de horario debería realizarse, pero para atrasar el reloj 60 minutos. «A la Argentina le corresponde el huso horario -4 y durante muchos años, en primavera, se adelantaban los relojes para quedar en el huso -3, pero en 1972 esto dejó de hacerse y el país quedó con el horario de verano», indicó la astrónoma Beatriz García, investigadora del Conicet que trabaja en el observatorio Pierre Auger de Mendoza.
En 2004 se vivió una polémica similar por el cambio horario. El protagonista fue el entonces gobernador de Mendoza, Julio Cobos, actual vicepresidente de la Nación. El mandatario -a instancia de Norte, el citado investigador del Conicet- avanzó en el atraso del reloj durante el invierno, pasando al huso horario -4. La provincia quedó entonces con la misma hora que Chile, Paraguay, Bolivia y algunas ciudades de Brasil.
La medida intentó también ser adoptada por otros distritos vecinos, pero finalmente las críticas de comerciantes y el sector privado en general frenaron el avance y, de hecho, obligaron a Cobos a retomar el huso horario -3 en setiembre, un mes antes de lo previsto. La promesa de Cobos fue entonces la de lograr un ahorro energético de 17%, pero la medida no cumplió su objetivo y no volvió a ser utilizada.




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