Según la leyenda, en el lugar, adonde hoy funciona un santuario en su honor, la Policía habría matado al gaucho rebelde. Gil, quien vivió hace unos 130 años en esa zona de Corrientes y era considerado por las autoridades de entonces un «gaucho matrero y ladrón», se convirtió en una suerte de Robin Hood vernáculo para los pobladores de escasos recursos, ya que les quitaba a los ricos lo que les sobraba para dárselo a los pobres.
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