5 de abril 2007 - 00:00
Emergencia por las inundaciones
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En tanto, desde Entre Ríos, la otra provincia gravemente afectada por el avance de las aguas, llegó ayer a Buenos Aires el intendente de Paraná, Julio Solanas, para reunirse con el ministro del Interior, Aníbal Fernández, a quien solicitó ayuda financiera para reparar los daños registrados en esa ciudad.
En paralelo a las gestiones políticas en ambas provincias, la situación de los miles de evacuados comenzaba a mejorar debido a la bajante que se registraba en las últimas horas y al cambio en las condiciones climáticas. Así, en Entre Ríos y Santa Fe (fundamentalmente en Rosario), cientos de pobladores que se habían autoevacuado emprendieron el lento retorno a sus hogares, mientras otros miles permanecían aún en los lugares dispuestos para los afectados. Pero también, con la bajante del agua, se incrementó el malestar social, dejando al descubierto incluso algunas escenas de saqueos en zonas marginales, que no llegaron a mayores.
Ayer, el arzobispo de la ciudad de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, lanzó un duro mensaje a las autoridades provinciales. Afirmó que «no hay que culpar a Dios de lo que pasa» y que «hay una necesidad de buscar la verdad». Y admitió que existe «menos solidaridad» que en 2003.
«Lo otro fue una cosa más maciza», dijo en referencia a lo ocurrido hace cuatro años, cuando desbordó el río Salado, y agregó que «falta una respuesta estable a estos problemas».
El religioso señaló finalmente que «Santa Fe necesita defensas y necesita bombas extractoras de agua», y destacó que «falla la confianza entre los ciudadanos».




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