10 de abril 2006 - 00:00
En Tartagal ya hay alerta sanitaria
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El especialista agregó que las autoridades sanitarias de Tartagal están en «estado de alerta» con respecto al dengue y a otros problemas sanitarios, como el hantavirus (ya se confirmaron dos casos) y el paludismo (ya se registró uno).
Al respecto, el ministro de Salud de Salta, Alberto Díaz Legaspe, recalcó que en Tartagal no hay casos confirmados de dengue, aunque reconoció que aumentaron las consultas por cuadros febriles, una de las sintomatologías características. «Todas las provincias del Norte están en alerta, porque es una patología de incidencia estacional», dijo.
En tanto, el Instituto Provincial de la Vivienda delinea un proyecto de contención habitacional para quienes perdieron sus hogares por los derrumbes del río Tartagal, que apuesta a atender los casos más urgentes y construir 52 viviendas en dos meses. En paralelo, el Ministerio de Educación aseguró que se dictarán clases normalmente porque «están dadas las condiciones para que el período lectivo continúe».
En la región, más de dos mil personas debieron ser evacuadas en las últimas horas por el desborde de los ríos y el peligro de derrumbes, en el marco de jornadas signadas por persistentes lluvias y un pronóstico meteorológico poco alentador.
La situación más grave se vive en Tartagal, donde debieron abandonar sus hogares 600 personas. En tanto, otros 900 pobladores fueron evacuados en la localidad de Aguaray, 40 kilómetros al norte de Tartagal, y 500 en una población aborigen en Yacui, ante el riesgo de derrumbe de un dique natural.
En este marco, ayer el gobernador salteño, Juan Carlos Romero, responsabilizó al periodismo porteño por la percepción que el país tiene sobre lo que está ocurriendo en la región. «No voy a negar que la gente está sufriendo inconvenientes, pero creo que no es una cosa general la problemática en la provincia», señaló. «Todas las cámaras están enfocadas sobre un mismo lugar, pero en la zona hay cien mil personas que no tienen problemas», dijo. Además insistió en que «no se podía prever» este escenario -al hablar de lluvias que se dan «cada 20 años»-, descartando las versiones acerca de una supuesta incidencia sobre las crecidas de los ríos del proceso de desforestación que se vive en la zona.




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