Las heladas de hasta seis grados bajo cero en septiembre sorprendieron a los viñedos con las plantas ya brotadas y los primeros racimos en formación, lo que se tradujo en yemas y brotes quemados en Tucumán, Salta y en Catamarca. Los daños van desde 70% al 100% según la finca, la variedad y la altura. Los productores reclaman emergencia agropecuaria, créditos y subsidios, en un escenario de comercialización ya adverso y que se profundizó en los dos últimos años.
Heladas tardías arrasan viñedos del NOA: pérdidas de hasta el 100% en Tucumán, Salta y Catamarca
Productores de los Valles Calchaquíes, de Tinogasta y Fiambalá perdieron buena parte de la brotación de septiembre. El golpe climático llegó sobre un sector que ya arrastraba consumo en baja, bodegas con stock y precios de la uva estancados. "A esperar el rebrote para saber si habrá algo de uva para los vinos de 2027", sostuvo una productora.
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Las heladas de hasta seis grados bajo cero en septiembre sorprendieron a los viñedos con las plantas ya brotadas y los primeros racimos en formación.
En Tucumán, el golpe llegó entre la madrugada del sábado 12 y la del domingo 13, con muchas horas de frío sostenido. Un día después, en la madrugada del lunes 14, el termómetro marcó cerca de seis grados bajo cero en sectores de Cafayate (Salta) durante el amanecer. En Catamarca, técnicos de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCA) relevaron una helada que se prolongó durante la madrugada, sin viento, en Fiambalá y sus alrededores, en un episodio que se sumó a otro reportado a principios de mes en Tinogasta.
En Cafayate el daño fue generalizado, aunque con grados distintos. El ingeniero agrónomo y productor Miguel Ángel Lovaglio describió zonas donde la afectación fue del 70%, otras del 80% y otras del total.
Advirtió que, en su caso, las uvas para torrontés y malbec quedaron dañadas y que la próxima cosecha se verá muy comprometida, aunque podría rescatarse una porción menor. Carolina Martín, de Finca La Carolina, ubicada en el corazón del valle cafayateño, quien publicó un video para mostrar el estado de su viñedo, contó que todo lo que había brotado se perdió: "Del 100% que teníamos brotado, el 100% se quemó". "Ahora, a esperar el rebrote para saber si habrá algo de uva para los vinos de 2027", sostuvo.
Lovaglio agregó que de su finca dependen entre seis y diez trabajadores permanentes y más de 50 familias durante la cosecha. Aun con una producción mínima, las labores de poda, riego y mantenimiento no pueden suspenderse. Por eso, dijo, la asistencia debería llegar rápido.
Variedades tempranas, las más golpeadas
En Tinogasta y Fiambalá (Catamarca) la helada alcanzó fincas y parrales en plena brotación, con quemazón de yemas primarias, según el relevamiento inicial de la Secretaría de Producción municipal. En varias de las fincas evaluadas la floración se perdió por completo, por lo que los productores esperan la certificación formal del desastre para acceder a prórrogas impositivas, diferimiento de créditos y líneas de asistencia.
Luis Prenol, docente de Fruticultura de la UNCA, estimó pérdidas de entre 80% y 90% en algunas variedades tempranas. También se afectaron nogales, frutales de carozo e higueras, estas últimas ligadas a la producción de pasas. Su recomendación técnica fue no intervenir de inmediato las plantas y esperar, al menos 15 días, para ver si las yemas secundarias rebrotan, aunque con una producción menor. Sobre la asistencia, aclaró que la decisión corresponde a las autoridades provinciales y que el relevamiento de hectáreas afectadas ya está en marcha.
Un sector ya golpeado
El impacto climático se produjo sobre un negocio en dificultades y así lo señaló Alejandro Martorell, titular de la bodega Altupalka y presidente de Bodegas de Salta. "En la década del 70 se consumían alrededor de 90 botellas de vino por persona al año y actualmente el número ronda las 16", indicó en diálogo con un medio de su provincia. El precio de la uva se mantiene casi igual que en 2024 y 2025, lo que dejaría pérdidas de entre $2 y $2,5 millones por hectárea. "Hay sobreproducción y un exceso de vino en las bodegas", dijo.
En noviembre de 2022 una helada extemporánea ya había dejado pérdidas superiores al 80% del rendimiento esperado en los Valles Calchaquíes, según informes técnicos de ese momento, y de entre 60% y 80% en Tinogasta y Fiambalá.
El impacto en Tucumán
En Tucumán, unos 70 productores frutihortícolas y vitivinícolas se reunieron en la finca Luna de Cuarzo, sobre la ruta nacional 40, para analizar los daños y pedir un relevamiento oficial. La bodeguera Silvia Gramajo, referente de los bodegueros de fincas tucumanas del Valle Calchaquí, fue entrevistada por Ámbito sobre el fenómeno inesperado.
Periodista: ¿Qué pasó con la helada y cómo está la situación en la zona?
Silvia Gramajo: Tuvimos una reunión autoconvocada con los productores de la zona porque entre el sábado 12 y el domingo 13 hubo una helada fuerte, la misma semana en que nevó en Tafí del Valle. Para nosotros es una helada tardía: las plantas ya estaban en brotación y los racimos entraban en floración.
P.: ¿Qué porcentaje de daño estiman en los viñedos?
S.G.: Calculamos un 70% de afectación. Eso significa que murieron todas las primeras yemas y ahora están brotando las segundas y terceras. Una planta que tenía 10 o 15 racimos probablemente termine con 3 o 4.
P.: ¿Se vieron afectados otros cultivos además de la vid?
S.G.: Sí. Nos reunimos también con productores de otras frutas: en esta zona hay mucho nogal, membrillo, manzana y durazno. Esa gente perdió todo. Los horticultores también: quienes estaban trasplantando los almácigos de pimentón perdieron todo. Es tristísimo, porque hay familias que viven de lo que produce el Valle, como las señoras que hacían dulces con las frutas del Valle Calchaquí. Todo eso se perdió.
P.: ¿Hubo relevamiento oficial de los daños?
S.G.: Lo hicimos junto con los ingenieros de la Dirección de Agricultura de la provincia, que estimaron un 70% de pérdidas. Con esas cifras ya se debería declarar la emergencia; nosotros pedimos la vitivinícola o la agropecuaria, según el análisis que hagan. Los técnicos iban a estar también en Amaicha para registrar a otros productores. En la zona de Colalao, que abarca todos los pueblos de alrededor, ya había unos 120 productores registrados con pérdidas en fruta, vid y horticultura.
P.: ¿Es posible prevenir una situación así?
S.G.: A veces es muy difícil prevenir. Acá fueron seis grados bajo cero y, cuando llega a cuatro bajo cero, ya no se puede hacer mucho. Lo cierto es que hay que prepararse: son cambios climáticos y no podemos tener una postura negacionista frente a algo que afecta a toda la agricultura y también a la ganadería.
P.: ¿Qué otros riesgos preocupan a los productores?
S.G.: El temor es que, con lo poco que queda, haya una nueva afectación por granizo, lluvias abundantes o desbordes de ríos. Se estima que forman parte de una manifestación del fenómeno de El Niño y no estamos preparados.
P.: ¿Existe algún protocolo o mesa de trabajo para enfrentar estos eventos?
S.G.: No. Nunca tuvimos una reunión como las que ya tienen algunas provincias vitivinícolas, por ejemplo Mendoza y San Juan, donde participan distintos organismos para prever y prevenir.
P.: ¿Qué herramientas necesitarían los productores?
Harían falta mallas antigranizo, pero no tenemos acceso a esa financiación. Tendría que haber créditos blandos o subsidios para este tipo de situaciones.
P.: ¿Cómo cambió el clima en el Valle Calchaquí en los últimos años?
S.G.: El Valle Calchaquí es un valle maravilloso. Yo decía en otras oportunidades que no teníamos estas heladas tardías, lo que nos permitía mantener la uva en la planta hasta madurarla como quisiéramos. Por eso había cosechas tardías y vinos dulces con uvas pasas. El cambio es tan brusco e inminente que no sabemos cómo prevenirlo.
P.: ¿Cómo está el acompañamiento técnico e institucional?
S.G.: Hace falta una comunicación constante y permanente con el Servicio Meteorológico Nacional, que está casi devastado, y lo mismo pasa con el INTA. Cerraron el INTA de Encalilla (cercano al pueblo de Amaicha del Valle, en Tucumán), en donde quedaron dos personas que fueron trasladadas a Santa María (Catamarca), y hay otro INTA en Cafayate que cubre la parte de Salta y el norte. Es decir, no tenemos técnicos ni profesionales capacitados en vitivinicultura.
P.: ¿Qué recomiendan los especialistas para recuperar las plantas?
S.G.: Dicen que hay que abonar mejor la tierra para que la planta tenga fuerza, y mucha agua. Pero muchos productores trabajamos con bombas de riego alimentadas por energía eléctrica, y hoy es casi imposible encenderlas. Cada productor, con una media de 2 o 3 hectáreas, pagaría alrededor de 3 millones de pesos para hacerlas funcionar.
P.: ¿Cómo resume el panorama?
S.G.: Es muy difícil tanto hacer resurgir la planta como lograr previsibilidad frente a los fenómenos que se vienen.





