17 de abril 2006 - 00:00
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La zona representa una depresión natural del terreno donde confluyen varios cursos de agua cuyo nivel viene en aumento desde diciembre pasado debido a las constantes lluvias en todo el noroeste del país.
«Nunca he visto semejante desborde, si el agua no baja hay riesgo de enfermedades y epidemias puesto que hace un mes que comenzó la crecida», dijo el funcionario del municipio que tiene 80 kilómetros de costa sobre el río Bermejo.
«Todo es agua, agua y agua, si llega a llover nuevamente pueden ceder las defensas hídricas del pueblo, donde 3.000 habitantes quedarían bajo el agua», advirtió.
El jefe comunal solicitó la ayuda del gobierno provincial y del nacional para la provisión de canoas, combustible para lanchas y pertrechos para las familias evacuadas en centros de asistencia a la espera de que cese la crecida.
El desborde de los ríos afectó también a la ciudad de Tartagal, en la provincia de Salta, donde las aguas arrastraron el principal puente carretero y a otros dos provisorios que intentaban restablecer la conexión entre la ciudad y el resto de provincia, mientras persisten cientos de evacuados.
Allí, un puente ferroviario ubicado sobre el río Seco fue habilitado ayer para el tránsito de vehículos, lo que se transformó en un principio de solución a los problemas de comunicación suscitados entre los departamentos salteños de San Martín y Orán. De esta manera, quedó habilitado el tránsito sobre la Ruta Nacional 34 por el puente ferroviario, convirtiéndose en un paliativo luego del derrumbe de un cruce carretero.
Las inundaciones y las altas temperaturas favorecieron un brote de dengue, que fue rápidamente controlado, aunque cinco provincias del noroeste argentino están en emergencia sanitaria desde hace dos semanas.




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