22 de julio 2008 - 00:00
Los 8 frentes abiertos que dejó en el interior el conflicto con campo
-
Santa Fe empezó a cobrarles multas millonarias a quienes realizaron amenazas en escuelas
-
Suárez abrió las sesiones en Santiago del Estero: fuerte contraste con Nación y doble bono para estatales
El escenario posconflicto -al menos, en lo que respecta a la etapa clausurada por el vicepresidente en el Congreso- dibuja ahora un delicado escenario con ocho retos que deberán afrontar los gobernadores si pretenden encauzar la marcha de sus provincias durante el segundo semestre en curso. Ocho desafíos en los cuales la Presidente jugará un rol clave, por acción u omisión.
Más allá del previsible impacto directo sobre la producción agraria, las medidas de fuerza del campo derivaron una grave parálisis en el normal desenvolvimiento del interior del país, al congelar la producción industrial y las ventas mayoristas y minoristas, enrarecer la cadena de pagos, retraer el consumo y desalentar inversiones.
Los más variados sectores -por caso, desde el turismo a la producción automotriz- denunciaron un freno en su actividad, aunque la crisis recaló con especial énfasis en las áreas productivas ligadas directamente al agro.
En paralelo, buena parte de los mandatarios comenzó a ser castigada con preocupantes caídas en las recaudaciones locales y con la desaceleración de los envíos de coparticipación, mientras la Casa Rosada no deja de celebrar percepciones de tributos récord, merced a una voracidad que la hace merecedora exclusiva de lo recaudado en tributos al comercio exterior. Los anuncios de aumentos impositivos, entonces, comenzaron a hacerse moneda corriente.
Los impactos también se miden en términos políticos, a partir del rol que eligió jugar cada gobernador en el conflicto. Aquellos que se atrevieron a desafiar la estrategia de la Casa Rosada hoy penan destrato partidario e importantes deudas en los envíos de fondos a sus distritos. Con la caída de la Resolución 125, en tanto, se esfumó un plan de obras prometido por la Presidente, que se iba a financiar con las retenciones.
Los caciques provinciales que, en cambio, se encolumnaron detrás de la postura kirchnerista debieron soportar las hostilidades de los productores, que incluso hasta tomaron la forma de escraches hacia ellos, hacia sus funcionarios y hacia senadores y diputados nacionales.
c La desaceleración de la coparticipación nacional: con preocupación, los gobernadores se mantienen en alerta por una desaceleración en esos envíos, impactados por el debilitamiento en la recolección del Impuesto a las Ganancias.
Ello, a contramano de la recaudación récord nacional, a partir del incremento en lo percibido en materia de tributos ligados al comercio exterior, que no se coparticipan. Por caso, las transferencias de marzo pasado -en pleno lock out agrario- cayeron 7,8% ($ 360 millones menos) respecto de febrero.
c La caída de las recaudaciones provinciales: el freno en el movimiento económico del interior también impactó en la performance recaudatoria de los Ejecutivos, de la mano de la caída de los tributos ligados directa o indirectamente a la actividad de los distintos sectores, como Ingresos Brutos y el Impuesto Automotor. En este marco, la percepción de junio pasado del conjunto de las provincias se redujo en 4,4% respecto de mayo. Frente a este delicado escenario, se vieron obligados a impulsar aumentos impositivos el bonaerense Daniel Scioli, el cordobés Juan Schiaretti y el santafesino Hermes Binner, entre otros.
c La discriminación en fondos nacionales: por haber adoptado un discurso pro campo, la Casa Rosada comenzó a destratar con especial virulencia a mandatarios díscolos, que sufren millonarias deudas en las transferencias destinadas a obra pública, asistencia social y rojo previsional. Ese poco envidiable lote está integrado por, entre otros, el cordobés Schiaretti, el rosarino Binner y el catamarqueño y ex radical K Eduardo Brizuela del Moral.
c La parálisis de la obra pública: las dificultades en el acceso a los insumos agravaron el escenario signado por la escalada inflacionaria y por las deudas en los envíos nacionales, lo que derivó en la paralización o en fuertes demoras en buena parte de la obra pública del interior del país, además de trabas para la construcción en el ámbito privado.
c La inflación (alimentada por el desabastecimiento): los piquetes de ruralistas, en el marco del lock out agrario de marzo, y luego de los transportistas de carga, complicaron la normal de circulación de camiones y, por ende, vaciaron parte de las góndolas de comercios de un gran sector del país, con el consiguiente aumento de precios de las unidades disponibles. La postal desató el malestar del ciudadano de a pie y fue uno de los motores de los cacerolazos contra la Presidente. Si bien los maquillados porcentajes del INDEC mostraron un alza de precios al consumidor de 0,6% en junio, las estimaciones de consultoras y asociaciones de consumidores cuadruplicaron esa cifra.
c El freno a la producción industrial: las graves trabas para acceder a las materias primas, la retracción en el consumo y el desaliento de inversiones derivaron en un congelamiento en los niveles habituales de la producción del sector y, como previsible coletazo, en la suspensión de miles de trabajadores en todo el país. Las industrias más afectadas fueron las ligadas directamente al campo, como las de maquinaria agrícola. En Córdoba, el ministro de Industria, Comercio y Trabajo, Roberto Avalle, fue más que gráfico, al advertir que «se perdió el primer semestre» en lo que respecta a la actividad del sector.
c La merma en las ventas en comercios: la retracción en el consumo, el desabastecimiento y la desconfianza de los consumidores respecto del futuro inmediato derivaron en una reducción de las ventas mayoristas y minoristas.
Por caso, el nivel de ventas cayó en 62,3% de los comercios de Capital Federal y la provincia de Buenos Aires en junio pasado respecto de igual mes del año anterior, según un sondeo realizado por la Cámara Argentina de Comercio.
«Las ventas están 10% por debajo del nivel habitual, especialmente en el interior, donde el conflicto del campo derivó en una ruptura de la cadena de pagos, de la que sólo ahora nos estamos recuperando», aseguró a principios de este mes, por su parte, el presidente de la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas, Alberto Guida.
c El turismo menguado: según la Federación Empresaria Hotelera y Gastronómica de la República Argentina, el conflicto con el agro desató pérdidas al sector en todo el país por cerca de 1.000 millones de pesos, a partir de un relevamiento realizado entre el 13 de marzo y el 13 de junio en nueve jurisdicciones.
La afectación se dio de la mano del desaliento al turismo por los piquetes que tajearon rutas y el desabastecimiento que afectó al comercio y a la gastronomía, lo que derivó en cancelación de reservas y en una temporada invernal mermada respecto del receso del año pasado.




Dejá tu comentario