2 de septiembre 2005 - 00:00
Paradoja: en Chaco es el PJ quien denuncia “clientelismo” político
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Para frustración del peronismo, que cree inter-pretar las demandas de los pobres, Angel Rozas dio el batacazo en 1995, meses después de la reelección de Carlos Menem, cuando ganó el ballottage por la gobernación frente al peronista Florencio Tenev.
Frente a las críticas de clientelismo, en el entorno de Rozas afirman que la acción de gobierno estuvo marcada por la solidaridad. Enumeran el plan de alfabetización «Nunca es tarde» y el de viviendas AIPO para una provincia «perjudicada hasta el infinito por la falta de infrestructuras y el olvido histórico de la Nación». «Un gobierno clientelista no alfabetiza», argumentan.
En aquella elección histórica de 1995, Rozas sumó al voto tradicional radical, el del partido Acción Chaqueña, del ex gobernador de la dictadura José David Ruiz Palacios (ACH gobernó entre 1991 y 1995 con Rolando Tauguinas), y el ala de centroizquierda (débil en Chaco) que representaba entonces el Frepaso de Carlos Chacho Alvarez y José Octavio Bordón.
La estrategia rozista fue atarse a aquel conglomerado no peronista y apostar a más, utilizando herramientas de la política afectiva propias del PJ. El rozismo tomó cuerpo en el Frente de Todos, que en torno a la UCR congrega a los alia-dos menores que encuentran conchabo en dependencias como Lotería Chaqueña, la empresa informática ECOM, el Instituto de Colonización o Vialidad Provincial.
El recorrido político de Rozas en diez años alcanzó resultados casi únicos en la UCR, al punto que de que hay más certezas sobre la existencia de un futuro político para el dirigente que para el partido que preside. Por lo pronto, el jefe de la UCR se presenta como primer candidato sobre un total de cuatro que se eligen en octubre (no se votan senadores).
En 1995, despegado tempranamente de los daños colaterales del Pacto de Olivos, el ex gobernador chaqueño jugó de entrada por la alianza antimenemista y, años más tarde, logró neutralizar nada menos que a Elisa Carrió.
Cuando el delarruismo dejó al partido agonizando, Rozas estaba a la suficiente distancia y con los pergaminos electorales necesarios para quedar como presidente nacional de la UCR.
El titular del radicalismo dejó en 2003 la posta chaqueña en manos de su entonces vicegobernador, el ex intendente de Tres Isletas Roy Nikisch. La enorme visibilidad de Rozas contrasta con el proclamado perfil bajo de su sucesor, una extraña estrategia de Nikisch, que se apresta a ceder toda chance de reelección en la sorda disputa con su mentor. La distancia entre ambos está marcada también por el acercamiento de Nikisch hacia Néstor Kirchner.
El esquema económico de Chaco está emparentado al empleo público. Aquí conviven 44.000 empleados provinciales (incluyendo docentes y personal sanitario), 19.000 trabajadores municipales y otro tanto de jubilados del sector estatal.
Si a ello se suman los 106.000 planes de Jefas y Jefes de Hogar que maneja la Nación, más de un tercio de los votantes en la provincia recibe algún ingreso oficial. No es extraño que la cabeza de lista peronista sea la kirchnerista Gladys Soto, gerente de empleos para Chaco del Ministerio de Trabajo.
Impactan los números de la deuda provincial: $ 3.500 millones, siete veces más que la que encontró Rozas cuando asumió en 1995, cuando el déficit anual ya había empezado a escalar. El endeudamiento equivale a dos presupuestos anuales del distrito. Rolando Núñez, titular del centro de estudios Nelson Mandela que elabora informes sobre coyuntura económica y social de la provincia, marca que se percibe en el manejo de la administración provincial «ausencia de planificación sustentable, demagogia y corrupción».
Núñez cita, entre otros casos, el de los $ 500 millones gastados en publicidad durante los ocho años de gestión de Rozas, pero, en realidad, la Contaduría General de la Provincia, rectificó posteriormente su propia información y ubicó el gasto en $ 89 millones.
«Si se toman todos los indicadores sanitarios y educativos, Chaco es, en promedio, el peor del país en todos los rubros», argumenta el analista del centro Mandela, quien agrega que «entre 85% y 88% del flujo de fondos viene de la Nación, como la coparticipación y los aportes con destinos específicos, como vivienda, vialidad y planes alimentarios».
El imperio del radicalismo en la última década aventajó a un peronismo caótico y protagonista de escándalos que lo llevaron al ostracismo. Hoy en día, el PJ cuenta con 30 intendentes sobre 68 municipios, de los que dos tercios tienen menos de 40 años, según fuentes del partido. Presumen de esta juventud como exponente de la «nueva política» que enarbola Néstor Kirchner.
Por caso, en esta camada juvenil se ubican los alcaldes de Corzuela, Gabriel Ninoff; de Villa Angela, Domingo Pepo; y de General San Martín, Aldo Leiva. Se suman el presidente del bloque peronista en Diputados, Gustavo Martínez; su colega de bancada Ricardo Sánchez; además del presidente del PJ y diputado nacional, José Mongeló, beneficiado por su kirchnerismo temprano.
El también joven senador y ex jefe de Gabinete de la Nación Jorge Capitanich está pagando su duhaldismo. Los jóvenes peronistas terminaron por desbancar en las pasadas elecciones internas a dirigentes como Julio Sotelo y Rafael González, que perdieron o no incidieron en la disputa.
En rigor, varios de los nuevos jefes peronistas transitaron el mismo camino que la mayoría: menemismo-duhaldismo-kirchnerismo. Si hoy pro-median los 35, es evidente que estos jóvenes hace al menos diez años se sintieron atraídos por los ideales de Carlos Menem.
La oposición suma reclamos, mientras la UCR responde que es una estrategia del «miente, mien-te, que algo quedará», en boca de la legisladora Irene Dumrauf:
«Tenemos los peores indicadores sociales de mortalidad infantil y analfabetismo. El programa de alfabetización Nunca es Tarde no alcanzó ninguna meta, los resultados son inexistentes» (Ninoff).
«La entrega de tierras fiscales dio lugar a irregularidades de todo tipo. No existe la planificación, y la provincia no ve ningún beneficio» (Sánchez). Entre peronismo y radicalismo vuelve a quedar un espacio vacío. La chaqueña Elisa Carrió prácticamente no tiene capital político en su provincia natal. A esta altura no puede haber sorprendidos. En la compleja política provincial se necesitan presencias en los pueblos más aislados, alianzas estratégicas localidad por localidad, discusión sobre los temas del día a día y contactos fluidos con periodistas de las radios FM y las organizaciones de las ciudades más alejadas.




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