Por caso, las encuestas encargadas por los distintos equipos de campaña coinciden en que el resultado del domingo es de «final abierto». Tres candidatos son los que hasta ayer mantenían intactas las chances de erigirse como próximo gobernador de la provincia. El radical Miguel Saiz, por la Alianza Concertación para el Desarrollo; Carlos Soria, del Partido Justicialista, y Julio Arriaga, de la Alianza Encuentro (Frente Grande y ARI), son los aspirantes que en ese orden y separados por un punto de diferencia en las preferencias del electorado intentan estas últimas horas volcar la aguja en su favor. Relegados a un segundo plano, pero con posibilidades de cumplir un buen papel se encuentran el candidato a gobernador de Recrear, Agustín Argibay Molina, que según los muestreos se convertirá en árbitro de los votos que puedan cosechar Saiz y Arriaga, y Eduardo Rosso, el justicialista que va por fuera del partido y cuya candidatura desató una fuerte polémica en el entorno del gobierno nacional. Es que en este caso se jugó el apoyo del presidente Néstor Kirchner, quien, como se sabe, activó una política de respaldo a los candidatos del PJ que eligen ir por fuera del peronismo. En rigor, hasta anoche ambos candidatos de origen justicialista (Soria y Rosso) se adjudicaban el respaldo oficial, algo que el propio Kirchner intentó dejar en claro el miércoles fotografiándose en la Rosada junto a Carlos Soria. Los ciudadanos rionegrinos, además de elegir gobernador y vice, también harán lo propio con tres diputados nacionales y 43 legisladores provinciales. Al igual que lo que sucedió el último fin de semana en Capital Federal, los asesores de los postulantes rionegrinos buscan la forma de evitar deserciones de electores el día de los comicios. Todos coinciden en que ante la paridad evidenciada será ungido gobernador el que más poder de movilización exhiba. Ese escenario es el que se ajusta al esquema que acostumbran utilizar peronistas y radicales rionegrinos. Las últimas horas Río Negro se convirtió en un virtual campo de batalla en el que todas las armas son aprovechadas al máximo. Desde el radicalismo se acusó al PJ de iniciar una campaña en la que se trata de lograr votos a cambio de subsidios a desocupados. Sin dar tregua, desde el comando de campaña peronista ayer comentaban a los gritos que el actual gobernador de la provincia, el radical Pablo Verani, sacó a la calle a todos los operadores del área social, quienes dedican los últimos días al reparto de chapas, colchones y frazadas. Lejos de esta disputa ha quedado Arriaga, quien centra sus posibilidades en la administración de 8 años que lleva al frente de la ciudad de Cipolletti, localidad que en el último tiempo logró torcer el eje político que constituía Viedma-General Roca, ciudades en las que peronistas y radicales cimentaron el poder político durante 20 años de duras batallas que hasta el momento lleva invictas a las huestes de Yrigoyen.
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