La batalla de 2021: volver a la senda del desarrollo 

Anuario 2020

Los próximos meses y las elecciones del año que viene serán el escenario de la disputa entre unidad nacional o dependencia. Vos, ¿de qué lado estas?

A esta altura del partido, podemos asegurar que las teorías y políticas económicas neoliberales que desde hace 40 años endiosan la completa libertad de “los mercados” –hoy bajo la conducción política del capital financiero- y señalan que todos los países están “condenados al éxito”, es decir, que se convierten en naciones desarrolladas por el solo paso del tiempo, han fracasado completamente. Por el contrario, en el mundo realmente existente, como apunta el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein, las relaciones económicas entre países forman un “sistema-mundo” por el cual las naciones más desarrolladas se apropian por diferentes canales –políticos, comerciales y financieros- tanto de la mano de obra como de las capacidades tecnológicas y los recursos naturales de aquellas naciones pobres con las que se relacionan, determinando así una interdependencia donde los países llegan a ser ricos porque otros –sus socios menores- son condenados a la pobreza. Es lo que el estructuralismo latinoamericano denominó a fines de los años ’40, el sistema centro-periferia.

La decepción de la teoría económica vulgar y de las ideas del neoliberalismo están a la vista: no solo el “sistema mundo” implica desde hace décadas que exista un pequeño puñado de países centrales y cientos de países periféricos, sino que la brecha de ingresos entre estos dos grupos de países y al interior de cada uno de ellos (desigualdades internas) hoy sean escandalosas y estén poniendo en peligro las mismas bases de la democracia liberal, donde los nacionalismos fascistas se están convirtiendo en opciones electorales de importancia por primera vez desde la finalización de la Segunda Guerra mundial.

Observando las trayectorias de los países desarrollados, desde los primeros del siglo XIX como Inglaterra y Alemania, pasando por EE.UU. a inicios del XX y llegando a los de desarrollo reciente como Japón, Corea, Taiwán, Singapur, no caben dudas que el grado de industrialización, la mayor complejidad tecnológica, instituciones perdurables en el tiempo, más un estado fuerte conduciendo e interrelacionando todo ese proceso, han sido sus principales claves del éxito.

En el caso argentino, el tren del desarrollo lo perdimos a mediados de la década del setenta, justo cuando la hegemonía ideológica comienza a quedar en manos del neoliberalismo. En esos años, nuestro país mantenía niveles de industrialización creciente año a año, comenzábamos a exportar bienes industriales, y existían niveles de desempleo, de informalidad laboral, de pobreza y desigualdad todavía bajos. Era un país vivible.

Pero, la irrupción de gobiernos neoliberales, como el de la dictadura militar, el de Menem y la Alianza y el último de Macri, con un desprecio notable hacia la industria nacional, nos hizo retroceder fuertemente en términos de cierre de fábricas, de caída de producción y empleo industrial y de desfinanciamiento del complejo científico tecnológico. En una palabra, se retrocedió fuertemente en el proceso de independencia económica e industrialización que Argentina abrazó –con idas y vueltas- desde fines de la década de 1930.

Estamos ante una nueva oportunidad de retomar el camino del desarrollo. Hoy nos ocupa salir de la pandemia y sus consecuencias lo mejor parados posibles en términos sanitarios, sociales y económicos. Pero ante un mundo que cierra sus fronteras, donde el comercio mundial se ha desplomado, pensar en una salida basada en las exportaciones de productos primarios, como postula la corriente neoliberal y portuaria, es una vía muerta que solo nos llevará a mayores grados de pobreza y desigualdad, y a un país para solo el 20% de la población. La única opción para un país de ingresos medios como Argentina es institucionalizar un consejo económico social que acuerde puntos mínimos de un plan de desarrollo e integración nacional a largo plazo, apalancado en un estado inteligente que planifique ese camino. Este gran acuerdo nacional para el desarrollo debería contar con el siguiente programa:

  1. Alentar la integración regional del MERCOSUR y reconstruir UNASUR.
  2. Priorizar el mercado interno como motor del crecimiento.
  3. Construir un plan estratégico de prospectiva industrial para alcanzar mayor competitividad, en base a la aplicación de requisitos mínimos internacionales como base para generar exportaciones industriales, aplicando las herramientas de administración del comercio en el marco de la OMC, facilitando la inserción internacional y sustituyendo importaciones.
  4. Consensuar un plan estratégico territorial con el objetivo de descentralizar las actividades y las poblaciones que hoy habitamos el AMBA y los grandes centros urbanos con planes de viviendas, educación y trabajo para el arraigo en todo el territorio nacional (la pandemia actual y las futuras nos imponen abordar este punto como prioritario).
  5. Incrementar la inversión en Ciencia y Tecnología al 1,5% del PIB con apertura de más universidades y centros tecnológicos en todo el país.

Los próximos meses y las elecciones del año que viene serán el escenario de esta disputa entre unidad nacional o dependencia. Vos, ¿de qué lado estas?

Economista de la Universidad Nacional de Moreno.

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