Autos: pandemia deja a industria en estado crítico

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¿Qué quedará del sector automotor local después del coronavirus? Es la gran pregunta que muchos se hacen por el impacto que tendrá en la economía del país, en la regional y en la mundial. Nada se salva. Lo que está claro es que a la Argentina la encuentra en una situación de debilidad que agrava toda proyección. Ni las buenas noticias son para entusiasmarse. Ayer volvieron a producir las dos terminales más importantes – Volkswagen y Toyota – lo que se puede tomar como algo alentador pero, en realidad, lo que muestran es la magnitud de la caída de la actividad en sólo 60 días. Una baja que se suma a la otra baja que ya se había producido antes del Covid. Se trabajará al 50% de los niveles prepandemia y si bien hay esperanzas de aumentar ese volumen es, tan sólo, una esperanza. No se sabe cuánto tardarán los mercados de exportación en recuperarse. El 2020 se perfila como el peor año productivo desde la crisis posconvertibilidad. Otro ejemplo de buena noticia a medias. Renault confirmó, finalmente, que producirá la pickup Alaskan en la Argentina. Es una inversión anunciada hace más de cinco años y terminada de desembolsar hace poco menos de dos. Es decir, no había nada para perder. ¿Se decidiría hoy esa inversión? No es posible saberlo porque el tiempo es uno sólo y avanza irremediablemente. Sí, hay margen para suponerlo y la respuesta más lógica es que no. Este caso sirve como referente de lo que pueda imaginarse para el futuro. Sobran fábricas de autos y capacidad instalada en todo el mundo por lo que la disputa de un dólar nuevo de inversión va a ser mucho más peleada. La Argentina, lamentablemente, no tiene armas para salir victoriosa en ninguna disputa. No es seria, no es competitiva, no tiene un mercado estable. Tal vez, el problema mayor no se vea (por ahora) en la salida de automotrices. Distinta es la realidad del autopartismo. El éxodo de empresas que se venía registrando en los últimos dos años (casi todas con mudanza a Brasil) se va a acentuar cuando se quite el “modo pausa” que impuso la pandemia. No sólo algún proyecto nuevo de radicación de plataforma se va a encontrar con escasez de proveedores locales. Los están sufriendo los modelos que ya salen de línea y los que están por salir. En esta columna se comentó, en alguna oportunidad, los esfuerzos que hace Toyota (el principal fabricante local) para evitar la salida del país de autopartistas multinacionales radicados en el país. Ni hablar de las otras empresas. Es por eso que en ese difícil mundo que viene parece insostenible producir vehículos en el país si cada vez se necesitan más piezas importadas. No funciona en ningún mercado y menos en uno en lo que más faltan son dólares. Todo esto sin tener en cuenta que las tendencias de consumo en el mundo están cambiando. No se van a vender más autos en los próximos años porque las nuevas generaciones no los quieren comprar. A esto se suma que la tecnología hacía la movilidad ecológica pone a la Argentina en el final de la lista de países en dónde invertir y desarrollarla. Eso quedará reservado para los países centrales o, en la región, para los más importantes en escala: México y Brasil. Por eso, será mejor prepararse para tiempos difíciles.

Otro tema con mucha prensa estos días es el de las ventas motivadas por la brecha cambiaria. Hay mucha preocupación y enojo en los importadores. Preocupación, porque no saben cómo van a poder operar los próximos meses en un país sin divisas y con el default merodeando al país. Enojo, porque ven que se centra en la compra “barata” en dólares en el sector automotor cuando la irracionalidad cambiaria de tener 100% de diferencia entre una cotización y otra permite el mismo beneficio con cualquier bien importado. Por ejemplo, electrónica. Temen que es machacar constante de asociar a los autos (especialmente importados) con el “blue” lleve a que el Gobierno apele a su inventiva y busque frenarlo con un “dólar 0km” o algún nuevo impuesto.

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