En un fenómeno sin precedentes para la industria automotriz global, la ciudad de Asjabad, capital de Turkmenistán, consolidó una política pública que prohíbe de facto la circulación y el patentamiento de automóviles de colores oscuros. Las restricciones comenzaron en 2015 con barreras a la importación de unidades de tono negro, rojo o azul marino, pero a partir de 2018 los controles se endurecieron drásticamente sobre los vehículos que ya estaban en las calles.
Esta decisión responde al proyecto urbanístico promovido durante el mandato del expresidente Gurbanguly Berdymukhammedov, orientado a unificar la estética de la capital con sus emblemáticos edificios revestidos en mármol blanco. Asimismo, las autoridades locales argumentaron razones climáticas, sosteniendo que la pintura clara refleja mejor la radiación solar en una zona caracterizada por veranos desérticos de extremo calor.
Retenciones, repintado obligatorio y trabas registrales
Pese a no existir una ley nacional explícita promulgada en el boletín oficial, la medida se aplicó mediante exigencias administrativas y controles policiales que acorralaron a los propietarios de unidades oscuras:
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Inmovilización de vehículos: Las fuerzas de seguridad retuvieron automóviles negros en controles de rutina hasta que sus dueños se comprometieran formalmente a modificar el color.
Exigencia de repintado: Los usuarios debieron adaptar sus carrocerías a tonos blancos o plateados para obtener la habilitación de la inspección técnica vehicular.
Bloqueo de transferencias: Se impidieron la venta, el cambio de radicación y la importación privada de cualquier coche que no encajara en la paleta oficial autorizada.
Pese a no existir una ley nacional explícita promulgada en el boletín oficial, la medida se aplicó mediante exigencias administrativas y controles policiales que acorralaron a los propietarios de unidades oscuras.
Un monopolio estético que se extiende por el país
Aunque las exigencias nacieron en el casco urbano de Asjabad, la dificultad para realizar trámites de registro terminó contagiando al resto del territorio turcomano. De este modo, los autos blancos y de tonos muy claros pasaron a representar la abrumadora mayoría del parque automotor nacional, convirtiendo a las calles del país centroasiático en un escenario único en el mundo.