Argentinos producen soja en Bolivia
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El oriente boliviano no sólo promete ganancias sino también una cuota extra de aventura. A diferencia de la pampa argentina, explotada casi desde los tiempos de la conformación del Estado nacional, aquí a la planicie hay que crearla. De lo que se trata es de descubrir la tierra y sembrarla o habitarla con ganado por primera vez.
«El primer viaje lo hicimos en camioneta desde Córdoba, con un amigo. Es una región muy diferente, plena selva, con comunidades indígenas, con pantanos, llena de insectos enormes», recuerda el cordobés Hernán Richard, que compró 700 hectáreas en Bolivia para sembrar soja.
Agregó que allí «falta infraestructura y no hay servicios ni seguridad jurídica. Para ir hay que ser joven y decidirte a hacer tu vida allá».
Por lo general no existen caminos y la única manera de llegar a las propiedades es en avión. En ocasiones son los mismos productores los que construyen sus caminos e improvisan puentes para moverse dentro de sus propiedades.
Los productores argentinos, según cifras oficiales, ya mueven 7,5% de la economía cruceña con solamente cinco años de presencia fuerte.
El cónsul general argentino en Santa Cruz, Fernando de Martini, indicó que los empresarios siguen llegando en búsqueda de contactos y reuniones con empresarios cruceños.
En el Norte Integrado, la franja que se extiende entre los ríos Piraí y Grande al norte de la ciudad, los campos producen tres cosechas anuales, dos de ellas de soja.
Allí, una hectárea lista para producir se consigue a 1.500 dólares, y el precio baja a 500 dólares en la zona este, donde una hectárea con selva virgen se consigue a 100 dólares.



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