30 de septiembre 2002 - 00:00

Dicen en el campo...

...que, en términos de gremialismo, estuvo muy movida la semana pasada, especialmente por las sendas elecciones en la Federación Agraria Argentina y en la Sociedad Rural. En ambos casos no hubo sorpresas, ya que en la primera de las entidades fue reelecto Eduardo Buzzi (pero la oposición, encarnada por el sector más extremo de los federados, le complicó un poco la recta final), mientras que en la Rural hubo lista única encabezada por Luciano Miguens, que fuera preelecto hace cerca de un año. A pesar de eso, hubo algunos datitos que llamaron la atención. Por un lado, en la centenaria entidad de la calle Florida, aunque todas las incorporaciones son de productores agropecuarios (en general exitosos), la extracción fuertemente empresaria y agroindustrial de varios de los nuevos directores (caso Carlos Blaquier, Carlos Reyes Terrabusi, o Federico Boglione, actualmente también presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario), hace prever un rápido y positivo cambio en la posición de la SRA, hacia un esquema mucho más amplio, y más comprometido con la totalidad de la cadena agroalimentaria, y no tan circunscripto a la producción primaria como fue en muchas épocas. Naturalmente, el estilo será alentado por el nuevo presidente a quien se lo reconoce como persona de gran amplitud de criterio y muy respetado en el sector. Esto mismo, seguramente, favorecerá la recuperación de las relaciones con las restantes entidades del campo, que en los últimos años se cortaron más de una vez. Otro tema que llamó la atención fue la fuerte participación de jóvenes y políticos en la asamblea de los federados, donde se vio al ex gobernador entrerriano, Jorge Busti (PJ), y a la siempre mediática Elisa Carrió (ARI), entre otros. En el extremo opuesto, en la Rural, la única presencia fuera de las líneas del ruralismo más tradicional pareció ser la del gremialista de UATRE, Gerónimo Momo Venegas, de aparente muy buena relación con el saliente Enrique Crotto.

...que, entre tantos productores, los temas de conversación y los datos fueron de los más variados: desde el malestar de los avicultores por lo que consideran una nueva «entrega» de su sector a Brasil a cambio del acuerdo automotriz (dicen que, además, con la devaluación brasileña prácticamente no tendrán chances ya que el pollo brasileño podrá entrar a la Argentina a 80-90 centavos el kilo), hasta la falta de postes de quebracho, porque ahora la mayoría de los hacheros parece que prefieren cobrar los planes Trabajar, pasando obligatoriamente por las inundaciones y, naturalmente, cayendo en los impuestos. Respecto a los excesos hídricos que ya se están registrando nuevamente, un productor de Casares, que habitualmente hacía 1.500-1.700 hectáreas de agricultura, aseguró que apenas pudo rondar las 100 para esta campaña lo que, a su criterio, más que justifica la presentación jurídica conjunta por daños que varios agricultores harán contra la provincia de Buenos Aires y que, seguramente, provocará malestar en otro hombre del sector: el gobernador Felipe Solá. En cuanto a los impuestos, parece que se está armando un frente sectorial que incluiría a la producción, al comercio y a la industria para defender el IVA de 21%, a pesar de los intentos de algunos exportadores que preferirían la rebaja a la mitad. La movida, de concretarse, sería muy fuerte por la cantidad y envergadura de participantes, y constituiría el primer paso de trabajo conjunto en la materia. El siguiente, casi con seguridad, sería el de insistir con la actualización de Ganancias (que desvela a los empresarios del sector), especialmente después de que el subsecretario de Ingresos Públicos, Eduardo Ballesteros, habría reconocido ante sus íntimos que si se aplica un ajuste por inflación para este impuesto, se ampliaría el bache en la recaudación e, inclusive, trascendió que en algún área de Economía se habría pensado (en empeorar la situación con) un nuevo aumento del Impuesto al Cheque.

...que, el resultado de una encuesta que acaba de finalizar, y que fuera encargada por una de las más importantes empresas de agroquímicos e insumos, le dio semejante imagen negativa entre los productores que, en los corrillos, se dice que «los destruyó». No queda claro si esto ocurre como consecuencias de las secuelas que dejó la disputa entre pesificación-dolarización de las deudas por insumos de principios de año (que duró más de 7 meses), o por el hecho de los aumentos en dólares que registraron varios productos, también los no importados como la semilla de maíz, que lo único que tiene dolarizados son los royalties. Por caso, uno de los herbicidas más masivos -el glifosato-que además comercializa esa empresa (preferida de los ecologistas para lanzar sus dardos), aumentó respecto al año pasado entre 40% y 50%. (¡En dólares!). Ello podría haber influido en el resultado, la doble lista de precios que imponen, por la cual, los clientes que pesificaron sus deudas deben abonar ahora 20%-30% más por los productos que lo que pagan; los que finalmente terminaron aceptando la dolarización. Esta estrategia, sin embargo, no es exclusiva sino que es compartida entre las compañías que tienen el grueso del mercado
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