Dicen en el campo...

Campo

... que fueron tantos, tan variados y conmocionantes los acontecimientos de la última semana que aún no se terminan de evaluar. Surgen balances como el que genera la opinión pública respecto de los funcionarios que tuvieron roles protagónicos. Muchos de ellos retrocedieron tantos cuerpos que casi se puede decir que ya se cayeron del tablero. Un caso destacable es el de la «estrella fugaz», el otrora diplomático, luego funcionario de PyMes (lugar en el que, aparentemente, pocos o ninguno lograron verlo), y devenido en trasnochado senador de último momento, el suficiente Eric Calcagno, alias «Eriquito». Pero no fue el único. La inexistencia de la Secretaría de Agricultura y sus funcionarios en todo este conflicto devaluó más -como si tal cosa fuera posible- las acciones del organismo. Vale reconocer que tampoco hay muchos que puedan aparecer, al margen de su titular, Javier de Urquiza, ya que siguen sin nombrarse los subsecretarios de las distintas áreas. Para peor, el titular del SENASA, Jorge Amaya, continúa sin aparecer, y su par del INTA, Carlos Cheppi, parece que tuvo una actuación tan deslucida en el Congreso que, más vale, no hubiera ido. Tanto fue así que la combativa CARBAP, que nuclea a las rurales de Buenos Aires y La Pampa, sacó un comunicado de prensa de «desagravio» al organismo. Algo así como: «Los técnicos no tienen la culpa».

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... que los intentos por defender lo indefendible dejaron a muchos muy descolocados. Además de los nombrados, tampoco fue muy lucido el papel de la secretaria de Ambiente, Romina Picolotti (la que junto con Florencio Randazzo tildaron de «incendiarios» a los productores por el fuego en el Delta aún no explicado oficialmente). El asunto es que la pobre mujer tuvo que concurrir también al Congreso, donde intentó explicar la cadena de la soja y el daño que causa este «yuyo» al país. Seguramente, Picolotti está mucho más preparada para ir contra Botnia que contra la reina de las oleaginosas, razón por la cual incurrió en tantos errores que, esta vez tuvo que ser AcSoja, la cámara que nuclea a los productores, la que debió aclarar una serie de conceptos. El mensaje, de particular dureza, señaló que «su exposición (la de Picolotti) adolece de una gran falta de información, y abunda en ignorancia». Pero mientras todos los ojos estaban puestos en el Congreso, pasaban otras cosas. Por ejemplo, parece que el controvertido secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, volvió a las andadas, y entre sesión y sesión de boxeo y clases de urbanismo, igual tuvo tiempo para volver a presionar a los empresarios, especialmente a los del rubro frigorífico. Dicen que los inhallables ROE, para poder exportar, sólo circulan si las plantas entregan tonelaje de carne muy barata a los hipermercados. Igual, los precios en el mostrador no bajan y ya se considera que la gestión del hombre no da para mucho más. Otro que también parece que vuelve a las andadas y, al menos, saltó a tiempo de la Jefatura de Gabinete donde soplan fuertes vientos de cambio, es el ex SAGPyA Miguel Campos. Parece que cambió la protección de Alberto Fernández por la del ministro Lino Barañao, para quien ahora figura como «asesor» en Ciencia y Tecnología, aunque es probable que el científico ni lo registre todavía.

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... que, a pesar de la hiperactividad legislativa, igual hubo tiempo para algunas reuniones, como la del CEIda, el centro de dirigencia agropecuaria que funciona en la Rural, donde disertó el ahora diputado tucumano José Ignacio García Hamilton. También hubo un multitudinario encuentro, especialmente de economistas, organizado por las fundaciones Naumann y Atlas 1853 en el Sheraton de avenida Córdoba. Allí se escucharon muchas cosas, aunque el factor común fue la inquietud que mostraban los especialistas en números sobre el futuro, incluso de los próximos meses. Así, mientras varios comentaban todavía la participación en el Senado de Alieto Guadagni que, en aquel momento había afirmado que las retenciones 'son ilegales en el marco del Mercosur», y que « constituyen un golpe mortal para toda la agroindustria», otros más agropecuarios hablaban de las subas continuas en los precios de los fertilizantes, con la úrea a alrededor de u$s 700/800 la tonelada y el fosfato a u$s 1.300. En otros grupos, donde aparecían los especialistas Manuel Solanet, Ricardo López Murphy, Daniel Artana o José Luis Espert, entre otros, se podían escuchar cosas tales como: «la inflación mata al crédito productivo, y destruye el mercado de préstamos de largo plazo», «no hay control del gasto público», «se derritió el poder político y eso causa incertidumbre», o «el gobierno miente en todos los datos que publica». Pero, tal vez, una de las más graves fue: «la Argentina tiene una inflación 3 veces mayor que el resto de Latinoamérica, y 5 veces mayor que los países desarrollados».

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