1 de septiembre 2004 - 00:00

La Argentina no tiene política agropecuaria

La Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) inaugura hoy en Mar del Plata su XVII congreso nacional, bajo el lema «Somos parte de una Argentina posible». En la víspera, se iniciaron las jornadas tecnológicas dedicadas exclusivamente a temas vinculados con el campo. Allí se analizaron, por ejemplo, las nuevas prioridades de la UE para su agricultura en un intento por establecer un paralelo con el caso argentino.

La Unión Europea (UE) es el mayor importador y exportador mundial de alimentos. Qué está haciendo la UE con su sector agrícola es una muestra de hacia dónde va el mundo en materia agroalimentaria y el rol que los agricultores tienen en este proceso de adaptación y cambio.

Lejos de pretender abrir un juicio de valor sobre la equitatividad de algunos elementos de la Política Agrícola Común (PAC), distorsivos del comercio internacional, es bueno analizar dónde está Europa hoy invirtiendo su presupuesto anual agrícola de algo más de 40 mil millones de euros, para satisfacer los requerimientos de sus consumidores contribuyentes, al mismo tiempo que transforma a su agricultura en un sector cada vez más competitivo. También conviene reflexionar acerca de quién y cómo se determinan las prioridades para el sector agropecuario en la Argentina y qué podríamos aprender de Europa.

La Nueva Europa está recibiendo 4 millones de nuevos agricultores (sobre los 7 millones preexistentes), incorporando 38 millones de hectárea sproductivas (sobre los 130 millones de la UE-15), y aumentando su producción entre 10% y 20%, aunque sólo 6% en valor agregado.
Esto es porque, hasta hoy, estos países producen esencialmente commodities, con relativa baja productividad. Una tendencia que seguramente cambiará en el corto plazo, ayudada por los nuevos fondos de la Política Agrícola Común, el libre acceso a un mercado de 450 millones de consumidores y la expectativa de estabilidad de precios (vs. volatilidad previa).

• Prioridades

Los nuevos miembros tienen acceso inmediato a la PAC, aunque la mayor parte de los fondos se va a destinar a las «nuevas prioridades». Los pagos directos sólo representarán en 2004 25% del valor asignado a los antiguos miembros, alcanzando su mismo nivel sólo en 2013. Esto marca la dirección que la Vieja Europa quiere para sus nuevos socios. Hay previstos períodos de transición para todos los temas, excepto seguridad alimentaria. Este es un requisito indispensable para ganar mercados dentro de la UE, y más aún afuera. Cuarenta millones de productores van a ser «forzados» a ser más competitivos, aumentando la competitividad global del bloque.

El rol oficial en Europa es claro y preciso: asegurar la estabilidad de la oferta de productos alimentarios seguros y accesibles;
proveer de un razonable nivel de vida a sus agricultores; asegurar que todas las regiones de la UE puedan producir en forma sostenida y procurar el bienestar de las comunidades rurales.

En nuestro país, parecería ser que las políticas oficiales no son tan claras, no están orientadas al largo plazo y no necesariamente velan por la competitividad del sector. El objetivo de procurar recursos, especialmente vía retenciones a la exportación, surge como la más clara prioridad oficial para con el sector agropecuario.

En la UE, los consumidores determinan qué quieren, el sector oficial adapta políticas y destina fondos, los productores adaptan su producción a los requerimientos del mercado, reciben más fondos y se tornan más competitivos. En la Argentina, cabe preguntarse quién o qué determina las prioridades de nuestro sector agropecuario. «A pesar de todo», la Argentina agropecuaria es una de las más eficientes, a nivel global, en la producción y transformación primaria de los principales cultivos extensivos, y algunos intensivos también. Esto constituye nuestra ventaja competitiva fundamental, junto con bajos costos relativos y recursos técnicos y profesionales de primer nivel internacional. Desafortunadamente, las presiones del corto plazo, la aparente dificultad en diferenciar nuestra producción y los problemas de organización del sector nos ponen en condición desventajosa, frente a nuestros competidores.

Mejorar la eficiencia de nuestras ventajas competitivas, desarrollar nuevas competencias, invirtiendo en conocimiento y para el largo plazo, asociarse adentro (cadena) y afuera (Brasil), y fortalecer la voz del sector serían algunas respuestas a los cambios que este complejo mundo nos presenta.

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