14 de julio 2005 - 00:00

La lechería necesita más eficiencia

La lechería necesita más eficiencia
La Argentina tiene cantidad y calidad de productos para jugar fuerte en el mercado internacional de lácteos, que hoy se encuentra en expansión. Sin embargo, habrá que mejorar en eficiencia para ser más competitivos.

El mercado internacional de lácteos está creciendo, no sólo en producción sino en demanda. En la Argentina, el consumo interno, las exportaciones y la producción también están mejorando, y eso es una oportunidad que merece ser aprovechada.

No obstante, si bien la cadena láctea argentina cuenta con una gran diversidad de productos, y en el último año logró abrir nuevos destinos de exportación, aún existe una importante concentración por parte de la industria y una alta dependencia en el mercado interno.

«Hacia el futuro, los productores deberán ajustar prácticas de manejo para mejorar el grado de eficiencia en sus planteos y afinar los números si quieren ser más competitivos frente al avance de la agricultura», dice AACREA.

Además, en el entorno macro hay variables económicas, políticas y sectoriales que condicionan el negocio del tambo en la Argentina actual, sobre todo en un año de elecciones.

Estos temas fueron desarrollados por Teo Zorraquín, coordinador del área de Economía de AACREA, durante el Congreso Semex 2005, llevado a cabo recientemente en Buenos Aires.

La Argentina tiene cantidad y calidad de productos para jugar fuerte en el mercado internacional de lácteos, un negocio que hoy se encuentra en franca expansión. En los últimos 10 años, la producción mundial de leche creció 11% y en 2004 superó 515 millones de toneladas. La Argentina ocupa el puesto 11 entre los principales productores del mundo, y el sexto lugar entre los exportadores, en un mercado liderado por la Unión Europea y EE.UU., para el primero de los casos, y por la UE, Nueva Zelanda y Australia, en el segundo
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En la actualidad, las exportaciones argentinas muestran una tendencia creciente, que el año pasado superó los 250 millones de toneladas, en comparación con los 100 millones que se registraban hace 10 años. Además, se logró avanzar sobre nuevos destinos como
Argelia (21% de las exportaciones argentinas), Venezuela (17,3%) y México (10,5%), y se superó la dependencia que existía con Brasil, que hoy concentra 9,6% de nuestras ventas al exterior.

En los últimos años también aumentó la producción del país, desde los 6.000 millones de litros que alcanzamos en 1991, hasta los 9.000 millones de litros del 2004.

No obstante,
la cadena láctea argentina muestra una gran concentración. Mientras existen 15.250 tambos y 848 plantas que reciben la leche, sólo nueve empresas concentran 51% de la recepción y tres firmas determinan el valor de 57% de los productos.

«Estos números indican que en la cadena láctea existe una mayor concentración respecto, por ejemplo, del negocio de la carne, aunque posee una mayor diversidad de productos. En el futuro, si queremos crecer como cadena debemos incorporar del concepto de ganar-ganar, y no de ganar a costa de otro eslabón»,
destacó Zorraquín.

«En síntesis, -agregó el técnico de AACREA-el mercado internacional está creciendo, no sólo en producción sino en demanda. En nuestro país, el consumo interno, las exportaciones y la producción también están mejorando, y eso es una oportunidad que merece ser aprovechada.»

En cuanto a las trabas que encuentra el sector en la Argentina, Zorraquín advirtió sobre la alta dependencia que existe respecto del mercado interno, que concentra 78% de la producción nacional de leche, además de la falta de continuidad en las estrategias de promoción de los productos argentinos y el riesgo sanitario, que continua siendo un peligro latente
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Además, señaló la necesidad de avanzar en un plan estratégico y destacó que en la actualidad el movimiento CREA se encuentra trabajando en este aspecto, mediante un Plan de Alistamiento y Motivación que apunta a definir los principales objetivos de toda la cadena en busca de mejorar la competitividad del sector.

El trabajo presentado por
Zorraquín analizó, asimismo, distintos modelos de empresas lecheras en la Argentina. Los mismos pusieron en evidencia que existe una brecha muy grande entre los resultados obtenidos en cada tambo, determinados por factores relacionados con la eficiencia y la estrategia implementados por los productores.

Así,
sobre un total de 11 empresas ubicadas en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires, los precios obtenidos por la leche producida mostraron variaciones que van desde 0,43 a 0,62 peso por litro, con gastos directos e indirectos que se ubicaron entre 0,29 y 0,45 peso por litro.

Entre los indicadores físicos, la carga varió de 1 a 1,7 animales por hectárea y la producción se ubicó entre 15 y 23,3 litros por vaca por día. El margen bruto de las 11 empresas también fue muy diferente, según cada caso: entre 902 y 2.110 pesos por hectárea.

«Hacia delante, el precio del litro de leche muestra una tendencia alcista, pero seguramente esta situación no será eterna. Por eso, cada empresario tendrá que sacar su propia cuenta de acuerdo con el negocio que quiera tener y al riesgo que desee adoptar»,
aconsejó el técnico.

Lo cierto es que hoy el negocio de tambo compite con la soja en un plano de desigualdad. Según datos de 2005 de la región Mar y Sierras de Aacrea, un modelo de tambo con 240 vacas de ordeñe que producen 4.560 litros de leche por día (19 litros por vaca), arroja un margen bruto de 1.117 pesos por hectárea.

Los costos de este planteo están representados por 45% gastos de alimentación, 16% de personal y 17% de arrendamiento (equivalente a 13 quintales de trigo) más gastos indirectos, entre otros.

Si al margen bruto se le descuentan el alquiler y los gastos indirectos, sin considerar el activo tierra, el margen cae a 667 pesos, con una rentabilidad de 14%.

Mientras tanto, un cultivo de soja de 28 qq/ha (promedio de los últimos cinco años de los grupos CREA de esa zona) alcanza un margen bruto de 699 pesos por hectárea, que baja a 219 pesos si se le descuentan el alquiler y los gastos indirectos. El mismo arroja un rentabilidad de 73%.

Si bien el margen bruto es mayor en el modelo del tambo, la rentabilidad es menor respecto del cultivo de soja. Para igualar el margen, se necesitaría alcanzar un rendimiento de 38 qq/ha, que supera ampliamente la rentabilidad (73 contra 14%)
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El negocio del tambo en la Argentina está condicionado por variables económicas, políticas y sectoriales
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Entre las primeras, Zorraquín destacó que la Argentina se encamina hacia una alta tasa de crecimiento, pero que aún se necesita un mayor índice de inversión para que sea sustentable en el tiempo. Otros factores económicos tienen que ver con el tipo de cambio y el pago de deuda, que deberá alcanzar un nuevo acuerdo en los próximos meses por 20.000 millones de dólares.

Respecto de las variables políticas, la interna del justicialismo con miras a las elecciones genera riesgos particulares para los empresarios. En tanto que el conflicto generado en torno de las regalías, los problemas con la escasez de gasoil, y la discusión por los impuestos distorsivos son variables sectoriales a los que también habrá que estar atentos.

Según las mediciones que realiza la
Universidad Torcuato Di Tella, el índice de confianza del consumidor hoy se encuentra estancado. «Este indicador es muy importante para mercados como el de la carne y de la leche, en los que casi 80% de sus mercaderías tiene como destino el mercado interno», señaló el técnico. Lo mismo sucede con el índice que mide la confianza de los argentinos en el gobierno.

En el promedio 1993/2001, en la Argentina se invirtió 19% del PBI.
En los años siguientes caímos hasta niveles muy inferiores y hoy nos estamos recuperando, con inversiones que alcanzan 17,2% del Producto Bruto (con expectativas de llegar a 20%).

«Esto es vital para poder sostener la tasa de crecimiento del país», alentó
Zorraquín.

«Hoy la Argentina tiene un tipo de cambio más competitivo para aquellos productos que se exportan. Pero, a la vez, no es justo decir que un país es competitivo por tener un tipo de cambio alto.

Tenemos 500 protestas sociales por trimestre y altísimos niveles de pobreza. Todavía queda mucho por hacer en el plano social», añadió.

La presión fiscal también va en aumento. El año pasado la recaudación se relacionó en mayor medida con el IVA (31%) y Ganancias (23%), y en menor proporción con el sistema de seguridad social (13%), los derechos a la exportación (10%) y el impuesto a las transacciones bancarias (8%). De enero de 2004 a mayo de 2004, el superávit fue equivalente a la suma de los impuestos distorsivos.



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