Con las últimas precipitaciones caídas, la evolución de los cultivos de trigo comenzó a tener todo tipo de inconvenientes, y se llega a considerar que los volúmenes de producción sean menores que los estimados en un comienzo. Recordemos que desde los principios de los trabajos de siembra del cereal ya se sabía que el área dedicada al trigo iba a disminuir en gran porcentaje. A partir de que fueron avanzando las tareas y de acuerdo con la problemática de cada zona, nos encontramos con que, en definitiva, el área en el país que se dedicó al trigo disminuyó 20%. De esta forma, se calculaba que la producción del actual ciclo llegaría a no más de 12.300.000 toneladas (18% menos que el año anterior).
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Por estos días y luego de las fuertes precipitaciones y bajas temperaturas, muchos son los analistas que están reviendo sus números, en lo que respecta al volumen de producción, donde ya se estaría hablando de una cosecha menor a los 11.500.000 toneladas -4 millones de toneladas menos que el año pasado-. Desde el aspecto de la calidad comercial, los lotes que se están cosechando en el norte del país (Salta, Tucumán, norte de Córdoba y Santa Fe) están apareciendo con gran porcentaje de granos brotados. Esto ocurre por el exceso de lluvias en los últimos tramos de la evolución del cultivo.
Lamentablemente, un trigo brotado no se puede comercializar por los canales habituales -exportación o industria molinera- ya que se encontraría inhabilitado para ser utilizado para el consumo humano. Esto hace que las ventas sean lentas y complicadas, teniendo los productores que buscar compradores de consumo para alimento de animales.
En la región del sur cordobés, sur de Santa Fe, norte de Buenos Aires y una amplia región de Entre Ríos, comenzaron los ataques fúngicos, apareciendo el tan «temido» fusarium. Con la presencia de este hongo, muchos recuerdan aquel año donde la Argentina sufrió los inconvenientes de la aparición del fusarium, trayendo tantos problemas en el aspecto de la comercialización, que el gobierno de turno tuvo que implementar un estándar especial, creando la categoría de trigo forrajero. Fue tanto el trigo de esta calidad que se produjo en aquel período, que se llegaron a exportar importantes tonelajes de trigo forrajero.
En la zona núcleo triguera -sudeste y sudoeste de Buenos Aires- los problemas no son menores, ya que las últimas precipitaciones -más de 130 milímetros de promedio- han hecho que muchos campos se encuentren totalmente anegados y con exceso de agua.
• Accesos
También debemos considerar que los caminos de tierra vecinales -municipales o provinciales- se encuentran en el peor de los estados. Un poco por la falta de mantenimiento y otro tanto por las continuas excesivas lluvias. «Si sigue lloviendo, van a tener que cosechar con arroceras...», decía un veterano operador de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Y lamentablemente se ve cómo el agua que cae no es absorbida por los terrenos, corriendo hacia los bajos, anegando caminos y posibles salidas de las máquinas y los camiones.
Todo esto hará retrasar los tiempos de las cosechas, originando serios inconvenientes de ataques de enfermedades por causa de la excesiva humedad edáfica y ambiental.
También debemos considerar que estamos en la época crítica de la evolución de los cultivos del trigo, donde la caída de una helada tardía haría peligrar seriamente los futuros rindes de este cereal. Muchos recuerdan las heladas que alguna vez ocurrieron un 15 de noviembre.
Por todo esto, cuando verificamos los volúmenes de comercialización de trigo a enero de 2003, vemos que es notoriamente menor que en años anteriores (casi un volumen 60% menor). Esto se debe a la incertidumbre del hombre de campo, en relación con cuánto será el tonelaje que obtendrá de cosecha y cómo será la calidad de ese trigo.
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