Primer embarque de peras parte a EE.UU.

Campo

La Argentina despachará en la primera quincena de febrero el primer cargamento de fruta de la Patagonia a Estados Unidos con certificación de región libre de la mosca del Mediterráneo, obtenida el mes pasado tras doce años de combate contra esa plaga.

Son 16.000 toneladas de peras William que serán despachadas desde el puerto de San Antonio Este, en la provincia de Río Negro, salida habitual de la producción frutícola del valle del río Negro (norte de la Patagonia), informó el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria.

La novedad también constituyó un logro científico porque contra la plaga se empleó alta tecnología local para esterilizar moscas mediante radiaciones y liberarlas en ambientes infestados, de modo que al aparearse con ejemplares silvestres se impidiera su reproducción.

El procedimiento, conocido como técnica del insecto estéril e ideado en Estados Unidos a mitad del siglo pasado, se aplicó regularmente desde 1993 hasta que en 2005 se logró la extinción del insecto en la región.

«La relación costobeneficio es enorme. En México, con un programa similar, obtuvieron 710 dólares de ingresos por cada dólar invertido», dijo a la AFP Miguel Ritacco, un experto en este método de la Comisión Nacional de Energía Atómica.


Ritacco fue quien dirigió el plan patagónico en sus inicios y logró financiamiento de 250.000 dólares de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

El programa también fue premiado con 1,5 millón de dólares como proyecto modelo por la Agencia Internacional de la Energía Atómica. El 8 de diciembre pasado, el Departamento de Agricultura estadounidense reconoció que la región sureña de la Argentina erradicó la mosca de los frutos o del Mediterráneo.

• Sin cuarentena

Eso permite que ahora los cargamentos, a diferencia de los anteriores, ya no sean sometidos a tratamiento de cuarentena en el puerto de destino.

Sobre la fruta patagónica ya no pesa el riesgo de que transporte la plaga consigo ni de ser contaminada con plaguicidas.

El cambio de categoría sanitaria se traduce así en un aumento de competitividad, porque la garantía de calidad anticipa mejores precios y se produce, además, una reducción de costos por la simplificación de los despachos.

Ritacco explicó que la mosca del Mediterráneo pone sus huevos en las frutas, con preferencia en las de carozo como el durazno, las que resultan destruidas cuando las larvas nacen y se alimentan de ellas. La plaga se originó en Africa y llegó a Sudamérica en 1901, está presente en noventa países y en la Argentina se la detectó por primera vez en 1934.


«Lo que se hace es criar millones de moscas en insectarios y someterlas a una dosis corta de radiaciones de cobalto 60», que se produce en la central nuclear de Embalse, provincia de Córdoba (centro), explicó Ritacco.

La irradiación es lo suficientemente débil y corta para no afectar más que la información genética de los insectos, de modo que las células que generen en adelante sean defectuosas, y que en particular espermatozoides y óvulos resulten inviables para formar huevos.

«Se liberan moscas estériles en las plantaciones u otros lugares infestados, como los pueblos de las zonas productoras. Estos ejemplares se aparean con los salvajes, pero no producen descendencia. En sucesivas aplicaciones, la población va disminuyendo hasta desaparecer», explicó el científico.

Ritacco aseguró, además, que «no queda rastro químico alguno», lo que hace una diferencia decisiva respecto de las plantaciones tratadas con plaguicidas.

La Argentina tiene dos bioplantas donde produce moscas de los frutos estériles en las provincias cordilleranas de San Juan y Mendoza (oeste), también productoras de frutas, que llevan varios años combatiendo la misma plaga y lograron avances, pero aún no resultados definitivos.


Estados Unidos compra a la Patagonia 60% de las 50.000 toneladas de frutas de pepita que importa anualmente, mientras que el resto lo adquiere a Chile y a Nueva Zelanda.

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