Primer embarque de peras parte a EE.UU.
-
La Justicia habilitó a Nueva Vicentin a reactivar las plantas de Algodonera Avellaneda
-
Cómo fue el plan agropecuario de la dictadura y qué impacto tuvo
Febrero será un punto de inflexión para la fruta de la Patagonia. Luego del reconocimiento como zona «libre de mosca» parten embarques con peras.
«La relación costobeneficio es enorme. En México, con un programa similar, obtuvieron 710 dólares de ingresos por cada dólar invertido», dijo a la AFP Miguel Ritacco, un experto en este método de la Comisión Nacional de Energía Atómica.
• Sin cuarentena
Eso permite que ahora los cargamentos, a diferencia de los anteriores, ya no sean sometidos a tratamiento de cuarentena en el puerto de destino.
Sobre la fruta patagónica ya no pesa el riesgo de que transporte la plaga consigo ni de ser contaminada con plaguicidas.
El cambio de categoría sanitaria se traduce así en un aumento de competitividad, porque la garantía de calidad anticipa mejores precios y se produce, además, una reducción de costos por la simplificación de los despachos.
Ritacco explicó que la mosca del Mediterráneo pone sus huevos en las frutas, con preferencia en las de carozo como el durazno, las que resultan destruidas cuando las larvas nacen y se alimentan de ellas. La plaga se originó en Africa y llegó a Sudamérica en 1901, está presente en noventa países y en la Argentina se la detectó por primera vez en 1934.
«Lo que se hace es criar millones de moscas en insectarios y someterlas a una dosis corta de radiaciones de cobalto 60», que se produce en la central nuclear de Embalse, provincia de Córdoba (centro), explicó Ritacco.
La irradiación es lo suficientemente débil y corta para no afectar más que la información genética de los insectos, de modo que las células que generen en adelante sean defectuosas, y que en particular espermatozoides y óvulos resulten inviables para formar huevos.
«Se liberan moscas estériles en las plantaciones u otros lugares infestados, como los pueblos de las zonas productoras. Estos ejemplares se aparean con los salvajes, pero no producen descendencia. En sucesivas aplicaciones, la población va disminuyendo hasta desaparecer», explicó el científico.
Ritacco aseguró, además, que «no queda rastro químico alguno», lo que hace una diferencia decisiva respecto de las plantaciones tratadas con plaguicidas.
La Argentina tiene dos bioplantas donde produce moscas de los frutos estériles en las provincias cordilleranas de San Juan y Mendoza (oeste), también productoras de frutas, que llevan varios años combatiendo la misma plaga y lograron avances, pero aún no resultados definitivos.
Estados Unidos compra a la Patagonia 60% de las 50.000 toneladas de frutas de pepita que importa anualmente, mientras que el resto lo adquiere a Chile y a Nueva Zelanda.



Dejá tu comentario