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China contraataca y se prepara para un conflicto prolongado y con final incierto

Aumentó los aranceles a 5.140 productos de EE.UU. por un valor total de 60.000 millones de dólares. Pekín exige un acuerdo "sobre una base de igualdad y respeto mutuo" y promete que resistirá a las presiones.

Pekín - Recién caída la noche y una semana después del anuncio de la imposición de nuevos aranceles a productos chinos por parte de Estados Unidos, el Gobierno de Xi Jinping dejó ayer de lado el hermetismo y anunció medidas recíprocas, lo que dejó clara su voluntad de disputar una guerra comercial prolongada y con final incierto.

Pekín descartó por ahora devaluar el yuan o vender deuda estadounidense -las otras dos opciones que sobrevolaban el ambiente- y apostó por elevar las cargas de un 10% hasta un 25% a 5.140 productos norteamericanos por un valor de u$s60.000 millones.

En un comunicado difundido en Internet, el Ministerio de Finanzas enumeró cuatro categorías afectadas en distintos niveles: la primera, integrada por el algodón, la maquinaria y los granos, entre otros, fueron los sectores castigados por los cánones más altos, una acción dolorosa para el presidente Donald Trump ya que golpea a los estados tradicionalmente republicanos en la antesala electoral de 2020. La segunda escala, partes de aviones, instrumentos ópticos y ciertos tipos de muebles, será gravada con un 20%, y la tercera, harina de maíz y vino, con un 10%. La cuarta, maquinaria para la salud y algunos químicos, se mantuvo en un 5%.

Se trata de una réplica al “unilateralismo y al proteccionismo estadounidense se lee en el texto divulgado por el Ministerio. “China espera que EE.UU. vuelva a la vía correcta de negociaciones bilaterales de comercio, de tal forma que se alcance un acuerdo mutuamente beneficioso, sobre una base de igualdad y respeto mutuo”, añade el comunicado.

La decisión tuvo lugar después que el gobierno norteamericano elevara los impuestos a las importaciones del gigante asiático desde un 10 a un 25% por un valor de u$s 200.000 millones, cuando parecía que el entuerto entre las dos principales economías del mundo estaba en sus tramos finales. A horas de iniciar la onceava ronda de contactos en Washington, ése resolución dejó a China perpleja.

Aunque las autoridades de ambas partes no se refirieron abiertamente a las causas de la renovación de la disputa, la Agencia Reuters informó en base a fuentes anónimas que China habría aplicado modificaciones en siete de los entendimientos que ya se habían alcanzado relativos a la modificación de la transferencia forzada de tecnología, la apertura del mercado y la manipulación cambiaria, entre otros. Aplicar tales convenios hubiese significado un fuerte retroceso del Estado en los hilos de la economía nacional y un quiebre del modelo de poder del Partido Comunista (PCCh) que este año cumple 70 años en el poder. China no divisa una negociación pareja en los entendimientos y, por lo tanto, promete una lucha larga.

“China no solo actuará como un maestro de kung-fu en respuesta a los trucos de EE.UU., sino también como un experimentado boxeador que puede dar un golpe mortal al final”, declaró ayer Wei Jianguo, exviceministro del Ministerio de Comercio al diario South China Morning Post. “China tiene no solo la determinación y la capacidad, sino también la voluntad de librar una guerra prolongada”, aseveró.

“Quienes toman las decisiones ya entienden completamente el patrón de Estados Unidos en las negociaciones comerciales”, afirmó. El exfuncionario y miembro del PCCh, dejó entrever que las medidas podrían ir mucho más allá e ir dirigidas contra el turismo, las finanzas y hasta Boeing, con quien había negociaciones para la compra de 100 aviones por un valor de u$s 10 mil millones.

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China se muestra segura de la robustez de su economía y no muestra signos de escarmiento. Pese a todos los pronósticos, el primer año de la guerra comercial no ha causado el daño que presagiaban los especialistas y el primer trimestre del año creció un 6,4% interanual. Si bien es la tasa más baja de las últimas décadas, mantiene los niveles de la medición anterior y demuestra estabilidad en tiempos turbulentos. Además, las exportaciones también crecieron un 4,3% en lo que va de 2019. China ya no depende tanto de EE.UU. como en décadas anteriores: el consumo interno y su alianza con otros países -su propuesta de la Franja y la Ruta cuenta con la adhesión en distintos niveles de 130 países- evita que el gigante se derrumbe.

Por otra parte, la batería de medidas llevadas adelante en los últimos meses, como una merma en los impuestos, incentivos a empresas, y una catarata de inversiones públicas lograron contener los daños. “A partir de la guerra comercial la compra venta se resintió mucho, aunque intentamos ser positivos. No ha sido una buena época y hasta se ha estudiado la posibilidad de trasladar alguna de las plantas”, reconoció Charles Zhang, presidente de Shanghai Baolong Automotive Corporation en una conferencia de prensa en Shanghai a la que asistió este diario.

Por ahora, cada potencia se mantiene en su trinchera. La reunión número 12 probablemente tenga lugar entre Trump y Xi en la cumbre del G-20 que se realizará lugar a fines de junio en Japón, casi siete meses después del acercamiento que tuvieron en Buenos Aires. Lo volátil de la relación hace presumir una solución lejana.

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