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Corte Suprema activa "Plan M" si estalla interna con Rosenkrantz

Pese a que la mayoría no auspicia un descabezamiento del Tribunal, prepara la nominación de Maqueda como el sucesor ante una eventual crisis que desemboque en un recorte de mandato. Casa Rosada, espectadora de lujo.

La interna dentro de la Corte Suprema continúa avanzando como un magma subterráneo y suma cada vez más tensión a la relación del trinomio que conforma la mayoría con el presidente del máximo tribunal Carlos Rosenkrantz. En varias vocalías del cuarto piso del Palacio de Tribunales sostienen que el clima es de constante alerta ante las “sorpresas” de frecuencia semanal que agregan capítulos a la saga de desencuentros entre sus miembros. Sin que haya una voluntad mayoritaria para removerlo de su cargo –haría falta tres votos para convocar a un acuerdo que cercene su mandato- los jueces supremos activaron el “Plan M” ante una eventual situación extrema que obligara a una sucesión anticipada. El elegido de consenso para tomar la posta de la Corte si la crisis institucional se profundiza es Juan Carlos Maqueda, el más “veterano” de los actuales ministros por fecha de nombramiento. El plan de contingencia, ya conversado puertas adentro de los despachos, de cristalizarse, derivaría en un nuevo escenario de pesadilla para el Gobierno que sólo obtuvo malas noticias desde que auspició el desembarco de Rosenkrantz y destronó a Ricardo Lorenzetti después de más de una década de poder omnipresente.

El malestar, revelado por Ámbito Financiero desde los primeros días de la asunción del nuevo presidente, fue agregando fojas de manera ininterrumpida, y con breves lapsos de alto el fuego. La última controversia, tuvo directa relación con el “roadshow” a Estados Unidos en busca de inversiones para el que Rosenkrantz puso proa, acompañando a una delegación con la plana mayor del Gobierno. Un flyer de una jornada de ponencias en la Universidad de Columbia, previsto para mañana, lo tenía como principal expositor, junto al principal asesor de Mauricio Macri, José Torello, uno de los miembros más importantes de la denominada “mesa judicial”. Rosenkrantz se bajó del evento pero no del viaje: su lugar en Columbia será tomado por el procurador del Tesoro Bernardo Saravia Frías, otro de los asesores jurídicos de la presidencia, y que además ambiciona el lugar del ministro de Justicia Germán Garavano, cuyo nexo con la Corte también sufrió severos cortocircuitos, como informó este diario.

La situación movió a la acción a Horacio Rosatti, Ricardo Lorenzetti y a Juan Carlos Maqueda, el trío que licuó el poder de Rosenkrantz, primero con la imposición de una agenda de fallos sensibles y luego determinando que cualquier decisión administrativa (Superintendencia) requiera de tres firmas como mínimo. Salvo Lorenzetti, ninguno de los otros jueces propicia un descabezamiento de la Corte, más bien todo lo contrario. Pero puertas adentro reconocen que la crisis se va profundizando sin atisbos de normalización. Por eso es que gatillaron un eventual plan de emergencia ante quien podría ser el sucesor de Rosenkrantz si la situación se torna insostenible. Rosatti no muestra interés en asumir una presidencia que ya perdió los atributos centrales de poder; Lorenzetti ansía la revancha, tras la jugada que lo despojó y por la que responsabiliza a la Casa Rosada y en especial a Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, pero sabe de primera mano que Rosatti jamás votaría para volver a entronizarlo. Por eso, el nombre de Maqueda asomó como la opción de consenso para un eventual recambio, en caso de que la sangre llegue al río. El cordobés es el principal adversario de Rosenkrantz en términos de mirada jurídica, y resistió su ascenso, votando en soledad por la continuidad de Lorenzetti. No desentonaría con el rol institucional que ha quedado reservado para la presidencia y significaría, a la vez, que el Gobierno se encontraría con la puerta cerrada hasta para los lamentos por las sentencias que podrían serle adversas. En lo fáctico, la meta de alertar sobre esa posibilidad persigue que dejen de percibir intentos de intromisión del Ejecutivo.

“Hubo un integrante de la mesa judicial que pensó que a la Corte la iba a manejar por WhatsApp”, se quejó un ministro de la Corte sobre lo que entienden que es el principal problema para la relación cotidiana con Rosenkrantz: la representación perenne de los intereses de Balcarce 50 en la cúpula del Poder Judicial. Ese factor actuó como argamasa del trío que por diferentes motivaciones unió fuerzas en su contra. Cada una de las objeciones que detectaron en el ejercicio del cargo fue respondida con un cercenamiento de atribuciones, lo que también se tradujo en un aislamiento jurídico de Rosenkrantz, que se trasladó a los fallos. El clima lo perciben hoy los jueces que peregrinan a solicitar recursos a Rosenkrantz para sus tribunales y que saben que sus reclamos no estarán verdaderamente autorizados hasta que salen del despacho del administrador general Daniel Marchi. Hombre de Lorenzetti que Elisa Carrió no pudo derribar, hoy representa la voluntad de la tríada, en términos administrativos.

En el corto plazo, nadie piensa hacer movimientos. Hay una agenda semestral por cumplir que avanza con inercia propia y varios casos “sorpresa” (ayer se activó la audiencia pública por el Fondo Sojero y quedó flotando la legalidad del decreto de blanqueo de capitales para familiares de funcionarios) que podrían representar un cachetazo (político y fiscal) para la administración Macri. Aun así, y por las dudas, se comenzó a escribir un epílogo para la inédita interna de la Corte.

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