Tras una híbrida actuación, Argentina no puso superar el empate, a pesar de que contó con ventajas inimaginables (por lo menos, en la primera parte). Cuando Colombia cambió de actitud, puso en aprietos a una defensa que parecía segura, pero Bielsa apeló a algunos cambios, que sirvieron más para tener un poco la pelota que para dejar conclusiones para hacer valer en el futuro. El 1 a 1 final y un juego sin luces y de escasos matices fueron la constante de un partido que sirve más para el olvido que para el análisis.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En verdad, pocas son las cosas que quedaron para el análisis. Ni Argentina ni Colombia dieron demasiados motivos para intentarlo. Ante todo -y es lo que más le interesa a nuestra gente-, habrá que hurgar bastante para saber qué dispositivo táctico o estratégico intentó imponer Bielsa en la cancha.
Se sabe que, en esta parte del torneo, son varios los cambios que hay que producir y que no pueden hacerse todos de la misma forma. Sin embargo, en este encuentro en Barranquilla, en verdad, es difícil dilucidar las razones por las cuales jugó con una línea de cuatro. ¿Habrá creído que la situación desesperada de Colombia la llevaría a un ataque desenfrenado? Si fue así, se equivocó.
Antes de hablar de la débil producción de Argentina, convendría también hacer un repaso por el momento que vive Colombia, un equipo que hasta hace poco tiempo era el espejo de muchas selecciones de esta parte sur del continente. Para ser benévolos, se puede decir que es un equipo desorientado, sin fe, con la conducción de Freddy Grisales (que su aporte fue sólo en el complemento) y algún chispazo de Patiño. Con señalar que recién a los cuarenta minutos tuvo la primera situación de gol (y, si se quiere, de llegada), queda casi todo dicho.
A todo esto habrá que sumarle que Argentina se encontró con un gol, de esos «increíbles». Una pelota que sacó Oscar Córdoba dio en la espalda de un defensor y le quedó picando a Crespo, que volvía para tratar de retomar el juego. Envió de sobrepique y gol. Un verdadero regalo, porque tampoco Argentina había hecho demasiados méritos como para merecerlo, salvo alguna pelota esporádica que pasó por el área.
De una defensa segura, se pasó de pronto a un tembladeral, con un Quiroga que daba ventajas, aunque la seguridad y el oficio de Ayala mantuvieron el esquema junto con la solvencia de Samuel. Parecía necesario el cambio. Por ejemplo, las entradas de Verón o de D'Alessandro parecían necesarias, como después se hizo; sucedió que también Colombia cambió de actitud y en el desconcierto logró el empate, vía Juan Pablo Angel, apenas con el ingreso de Arriaga. Toda Argentina entró en un pozo del que le costó salir, pero despaciosamente se fue haciendo de la pelota y tuvo las situaciones que no se le habían presentado antes.
Dejá tu comentario