21 de noviembre 2002 - 00:00

Argentina aún continúa hablando idioma japonés

Si la gente -en este retorno del «equipo de Bielsa» tenía algunas dudas-una vez visto el partido con Japón debe haberle agregado una dosis mayor de incertidumbre, si es que éste fue el saldo del puntapié inicial de un nuevo ciclo.

Dos minutos de lucidez (que fue el tiempo que separó al re-mate de Sorín y el cabezazo de Crespo que determinaron el triunfo) y apenas tres jugadas aisladas sin mayores pretensiones de mover la red, pueden resumirse en la producción global de un equipo que mantuvo su esquema de juego, funcionamiento de conjunto y una reconocida capacidad individual, que no era secreto para nadie, más se diría que conocida por todos.

Tampoco era de esperar demasiado de un equipo que presentaba tantas caras conocidas y sin ninguna práctica previa. Nadie podía pensar que había tiempo para modelar otro tipo de juego. Previsible en el manejo defensivo, con escasas expectativas en el hipotético andamiaje futbolístico, simplemente porque había terminado el ciclo anterior mostrando un medio campo reiterativo en su concepción de juego e imperfecto a la hora de buscar (en espacios cortos o pases largos) huecos para el re-mate, que no podía cambiarse en apenas unos meses.

Individualmente le faltó precisión en Verón (el eje de distribución), decisión en Sorín para ganar terreno adversario (cuando lo hizo creó una de las jugadas de peligro y en otra convirtió), fue reiterativo Ortega y Zanetti terminó alternando buenas y malas. En síntesis, Crespo y Claudio López quedaron como meros expectadores.

Argentina se vio superada por un equipo japonés que sólo mostró una gran vocación (en la primera parte) para ocupar espacios defensivos, velocidad en los pases a la hora de trasladar la pelota y contragolpear -aunque sin herir-y una aceptable utilización de los laterales, luego que la pelota pasara por los conocidos Nakata y Nakamura. Con decir, que su mejor hombre fue el ex boquense Takahara, se puede tener una idea más acabada de lo que este equipo puede producir en materia ofensiva.

Tal vez lo mejor de Argentina haya que buscarlo en los tres hombres de la defensa: aceptable trabajo de Facundo Quiroga, un sólido desempeño de Ayala y la eficacia de Samuel. Almeyda hizo que no se extrañe a Simeone, y Saviola (reemplazó a Ortega) no encontró aún un lugar en el esquema, mientras que a Solari (entró por Crespo) y Pochettino (por Quiroga), le faltaron minutos como para evaluarlos seriamente.

Eso fue todo. Un triunfo insípido, con los defectos de antes y el peso individual que suele trastocar -en apenas unas jugadas-momentos de angustia en resultado positivo, que deja (generalmente) la puerta de la esperanza abierta. Seguramente con Aimar o Riquelme el esquema será diferente, pero eso aún está por verse.

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