Argentina sufrió mucho pero el empate lo dejó puntero
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Gonzalo Higuaín salvó a la Argentina.
La superioridad local finalmente encontró correlato en la chapa a los 21 minutos, otra vez por el sector de Di María y Marcos Rojo (el más desprotegido de la defensa argentina): Cruzado envió un pase justo para la trepada de Luis Advíncula y el centro del lateral derecho fue llevado al gol por Carlos Zambrano. Era justo. Otra incógnita en el debate de Alejandro Sabella para encontrar el equilibro en sus formaciones.
Pasada la media hora Argentina no había pateado al arco, y esa sensación constante de
peligro que ofrecen sus nombres propios, la idea básica de permitirse el sufrimiento atrás a cambio del poder de fuego, era una apuesta que no funcionaba: hasta que funcionó.
Federico Fernández mandó un pelotazo profundo, Lavezzi (acaso el más activo de la Selección en la ofensiva) desbordó por la derecha y mandó el centro y Higuaín, letal, de primera, le dio el empate inmerecido a la Argentina.
Pareció el fruto de una sociedad aislada en el marco de la pobreza colectiva (el equipo la `sacó barata` en esta etapa), pero también hubo, detrás del gol, una elaboración táctica de Sabella.
Messi, bien controlado por una marca escalonada como lo previó el técnico, arrastró defensores según lo trabajado y Lavezzi hizo la diagonal aconsejada para gestar la igualdad. Allí se vio el sello de Sabella, a cuenta de los errores por corregir: su apuesta no es la acumulación de apellidos sino la suma de talento y estrategia.
La pelota siguió en poder de los peruanos al inicio del segundo tiempo (Farfán fue imparable para Rojo, un tormento), y Argentina sufrió dos chances concretas de gol: Romero, sobresaliente, se lo tapó a Alberto Rodríguez, primero; y Luis Ramírez estrelló un derechazo en el palo izquierdo del arco visitante, minutos más tarde.
Para cuando entró Pablo Guiñazú por Fernando Gago (salió golpeado, con un cuello ortopédico, tras una caída), Argentina había entregado una hora flojísima: consecuencia del despliegue de Perú, sí, con jugadores que fueron a todos los balones como si allí les fuera la vida, pero también sin capacidad para improvisar una respuesta que no pasara, otra vez, por la invención de algunos de sus cracks.
Inflexible en el sistema o mejor, con algunos intérpretes sin las condiciones para adecuarse al desarrollo del partido (la pelota en los pies, siempre, del rival, Farfán figura, Ramírez, Rinaldo Cruzado y siguen las firmas), Argentina fue superado en todos los aspectos y a falta de 15 minutos la igualdad era un gran negocio.
No cambió la historia con el cambio de Enzo Pérez por Lavezzi, pero Perú bajó la intensidad y se conformó no tanto con el empate, sino con la victoria moral de haber sido superior al favorito.
Argentina, en tanto, conservó la punta en el camino hacia el Mundial, pero permitió que recrudeciera la pregunta de siempre: qué pasa cuando Messi no está.




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