15 de enero 2004 - 00:00

Atenas teme hacer mal negocio con los Juegos Olímpicos

Cuando el catalán Juan Antonio Samaranch, en ese entonces presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), clausuró el 1 de octubre de 2000 los Juegos de Sydney calificándolos como «los mejores de la historia», desconocía que su organización había sido un mal negocio para la ciudad australiana.

Una vez finalizados esos Juegos, el Estadio Australia, que tuvo un costo de 191 millones de dólares, quedó prácticamente abandonado, y el complejo ferroviario que conduce al Parque Olímpico, por el cual se invirtieron 78 millones de dólares, es utilizado por muy pocos en la actualidad. Sydney había hecho una inversión improductiva que sus habitantes aún están pagando.

Esto dejó abierto el interrogante sobre si resulta redituable a un país realizar un megaevento de esta naturaleza. En 2004, entre el 13 y el 29 de agosto, los Juegos Olímpicos volverán a desarrollarse en Atenas después de 100 años. Los organizadores anunciaron que ya tienen toda la infraestructura y prometen una fiesta del deporte. Sin embargo, los griegos tienen presente las secuelas que aún está pagando Sydney y miran con desconfianza la organización de esta nueva edición, la segunda del nuevo siglo.

•Sondeo

Un sondeo elaborado por el instituto Alko sobre los beneficios económicos de los Juegos señala que 59% se declara «poco o nada optimista» frente a 28% que se manifiesta a favor. En otra encuesta realizadarecientemente, 80,6% de los griegos considera que los costos de organización son enormes y que los ciudadanos serán los que deberán pagar la factura.

La tercera parte de los encuestados opinó que los Juegos serán «un gran bazar comercial» y 56,7% entiende que las obras olímpicas vendrán a cubrir infraestructuras necesarias para el país, frente a 6,9% que no está de acuerdo.

Esta desconfianza de los griegos, que produjo algunas manifestaciones callejeras, hizo que los organizadores revisaran detalladamente el presupuesto de los Juegos. El objetivo era tratar de evitar que se dupliquen costos y que los gastos no excedan los 4.600 millones de euros o, en definitiva, no superen el tope máximo fijado en 4.760 millones. Sin embargo, no pudieron cumplir con lo planificado financieramente.El problema presupuestario retrasó considerablemente los trabajos de preparación y llevó a que el presidente del COI, el belga
Jacques Rogge, expresara su preocupación y llamara la atención a los organizadores.

No obstante, el esfuerzo de los griegos y un aumento del presupuesto a 7.300 millones de euros le devolvieron la calma al titular del COI. Pero, para lograr este cambio de ánimo de Rogge, los organizadores debieron pedir un crédito de 1.500 millones de euros al Banco Europeo de Inversiones para realizar y acelerar algunas obras.

Además, tuvieron que cerrar algunos asuntos pendientes como la contratación de los servicios de seguridad, por la que invertirán 750 millones de euros, la cifra más elevada en la historia olímpica y tres veces y medio superior a la que se invirtió en los Juegos de Sydney en 2000.

•Cambios

Consciente del agigantamiento de los Juegos y, por ende, de su creciente costo financiero, desde que asumió al frente del COI (el 16 de julio de 2001), Rogge recomendó hacer cambios. Así, la idea del COI es que a partir de Pekín 2008 haya un tope máximo de 28 deportes, con una participación de unos 10.500 deportistas que disputarán 301 pruebas.

Esta y otras reformas, más la venta a la NBC de los derechos de televisión de los Juegos de 2010 y 2012 para los Estados Unidos en una cifra récord de 2.200 millones de dólares, podrían reforzar en el futuro la solvencia económica del olimpismo.

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