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En dos jugadas con pelota detenida, definió el partido y pudo ganar con mayor ventaja de haber tenido más precisión Josemir Lujambio y José Sand, quienes tuvieron más de media docena de situaciones favorables para ampliar el marcador.
Estudiantes fue un equipo «sin alma», empezó tácticamente con dos mediocampistas defensivos y dos ofensivos (fue la única diferencia con respecto al lineal 4-4-2 que presentaba habitualmente Merlo). Con el correr de los minutos fue variando su dibujo táctico sin encontrar nunca el partido.
Carrusca no fue nunca conductor y por eso Calderón y Pavone quedaron muy aislados a merced de algún largo pelotazo que los habilitara.
Banfield, en contrapartida, fue un equipo solidario, con gran despliegue físico y con mucho trabajo en la pelota detenida. Carlos Leeb demostró ser un seguidor de Julio Falcioni y, aunque ya no tiene a Bilos, aprovechó la altura de sus zagueros para definir el partido.
El primer gol fue un tiro libre de Galván que Ortiz, apurado por Civelli, metió en su propio arco casi de chilena; y el segundo también nació de otro tiro libre de Galván, que fue cabeceado en la puerta del área por Galarza para que Civelli, con un segundo cabezazo, la mandara a la red. Es decir que los dos goles fueron «laboratorio puro» de un equipo que sabe aprovechar muy bien el trabajo en la semana.
Dentro de 15 días jugarán la recancha en La Plata y es posible que en ese encuentro Banfield se encuentre con otro rival, más prolijo y trabajado por un Jorge Burruchaga que enfrentó este cotejo con un solo entrenamiento y casi sin conocer las caras de sus dirigidos.
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