Bélgica, una de las selecciones candidatas al menos en los papeles, ni siquiera pudo pasar la fase de grupos del Mundial de Qatar, y según se reveló estalló una furibunda interna entre los jugadores, con epicentro en el mediocampista Kevin De Bruyne y el entrenador español Roberto Martínez.
El choque en el plantel fue tal que varios de ellos directamente se fueron de Qatar en vuelos privados, y antes del fatídico partido con Croacia, hablaban en sus propios idiomas.
Se le suma que los Diablos Rojos habían llegado a Doha con muchas expectativas, luego del tercer puesto de Rusia 2018, y hasta con el apoyo del Rey Felipe de Bélgica, que participó de un video en el que se lo veía asumiendo el papel de entrenador de la selección.
En definitiva fue tercero en el Grupo F tras una derrota con Marruecos, un empate con Croacia y una victoria ante Canadá.
La "mala onda" se inició con las declaraciones de De Bruyne, el talentoso jugador de Manchester City, quien sorpresivamente sostuvo que no había "posibilidad" de ganar el Mundial. "Somos demasiado viejos”, declaró.
Según sus palabras, el tren pasó en 2018, cuando la generación dorada belga llegó al podio tras caer en las semifinales ante Francia, el campeón, luego de eliminar a Brasil en los cuartos de final.
Eden Hazard, Romelu Lukaku y el propio De Bruyne eran las cartas ganadoras del equipo, pero ninguno llegó bien. Lukaku, bajo físicamente, perdió goles increíbles contra Croacia. Fue el tiro del final.
Explota la interna belga
Cinco miembros del equipo volaron a sus casas separados de sus compañeros del plantel: Thomas Meunier, Axel Witsel, Jeremy Doku, Arthur Theate y Lois Openda pagaron sus vuelos privados, según un medio local.
Martínez intentó suavizar las palabras de De Bruyne vinculadas a la veteranía del seleccionado, y habló de una “noticia falsa”, pero Hazard admitió que “se habían dicho palabras” en una discusión entre De Bruyne con Toby Alderweireld, en el partido frente a Canadá.
El defensor Jan Vertonghen también pareció hacer referencia a las palabras de De Bruyne después de la derrota ante Marruecos, ante los micrófonos: “Probablemente también ataquemos mal porque somos demasiado viejos, ¿no?”.
Mientras, la esposa de De Bruyne, Michele Lacroix, publicó una foto de la figura del Manchester City (compañero de Julián Álvarez) en Instagram con sus hijos, con el título: “Ganamos juntos y perdemos juntos”.
Como si fuera poco, el portal belga Het Laatste Nieuws aseguró que "cuatro jugadores del seleccionado serán suspendidos” del equipo en las futuras competencias.
Otra de las diferencias del grupo quedaron expuestas en el lenguaje. Al técnico se le ocurrió, para romper con la barrera del idioma, crear una pauta neutral entre los jugadores del norte belga, que hablan neerlandés en su variedad flamenca, y aquellos cuya primera lengua es la francesa.
De esta forma, impulsó que en el vestuario, ante acciones grupales, se hablara en inglés. Le convenía a él también, dado que es un español que habla inglés con fluidez, pero no francés ni flamenco. Creó una sensación de igualdad y unidad en la selección.
Con el paso de los días, el espíritu colectivo se fue perdiendo, y algunos de los jugadores se encontraron hablando de nuevo en su lengua materna, y la comunicación grupal se fue perdiendo.
Los periodistas especializados evaluaron que Bélgica lució como un equipo oxidado en Qatar, y muchos jugadores hasta celebraron cuando el DT anunció que no seguiría en el cargo.
Bélgica jugó su último partido del Mundial el jueves pasado, ante Croacia. El sábado ya se lo vio a De Bruyne en Cheshire, Inglaterra, en una escuela local, viendo jugar al fútbol a su hijo.
Las miserias de Qatar 2022 dejaron heridas que tardarán en cicatrizar.
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