17 de febrero 2003 - 00:00

Boca comenzó pisando muy fuerte

Boca comenzó pisando muy fuerte
Siempre entraña un riesgo enfrentar a un equipo necesitado de puntos, apremiado por el fantasma del descenso.

A Boca no le fue fácil (al principio), pero bastó un gol (el de Ezequiel González) para que el partido caminara por un comprometido andarivel y terminara con dos goles de diferencia, que sumando situaciones favorables bien pudo terminar en goleada histórica.

No es nuevo aquello de que Bianchi tiene predilección por mandar el equipo adelante en los primeros minutos para torcerle el codo al rival. Plantó un equipo ofensivo, tratando que Calvo o Clemente Rodríguez (según la circunstancia) se metieran en el diálogo con Donnet, Battaglia y Ezequiel González, estos dos últimos trastrocados (de derecha a izquierda) de lo que lo hacían habitualmente.

Gorosito había señalado antes del partido que «todo equipo que se refugia en un sistema defensivo, termina perdiendo». En realidad no se sabe si era una frase de circunstancia, porque el equipo se ubicó sobre su propio terre-no, con dos líneas de cuatro --con Aguirrez, García, Poli y Testa en el extremo y un poco más adelantados el chileno Parraguéz, Huerta y Zárate, dejando un poquito más adelantado a Couceiro como para alguna vez procurar algún enlace vía Tilger.

Boca tuvo siempre facilidad para hacerse de la pelota, de trasladarla al campo adversario, pero terminó enredado cuando intentaba transitar por tres cuartos de cancha. Precisamente, en el lugar que se necesita serenidad, creatividad e inteligencia para resolver. Dos razones lo impedían: porque la pelota nunca llegaba clara desde el medio donde había muchas piernas y pocas ideas y -fundamentalmente-porque Guillermo Barros Schelotto y Delgado no encontraban el idioma adecuado para entenderse en la puntada final.

Bastó que Boca impusiera presencia por superpoblación de su gente en ofensiva para que Chicago se fuera quedando siquiera sin sus pelotazos salvadores, en la búsqueda del solitario Tilger. Lo contrario era buscar por la individualidad de Serrano, Couceiro o Tilger, demasiado inconsistentes para pretensiones mayores.

En la medida que el «Equi» González y Donnet fueron encontrando su lugar en el campo, comenzaron a explotar las subidas de Delgado y las apariciones de Barros Schelotto. En la libreta de apuntes quedó reflejado el segundo gol (de Donnet) y no menos de cuatro situaciones claras para convertir. Lo suficiente para que Boca comience con el pie derecho el campeonato, sume tres puntos valiosos y le cargue a Gorosito y sus boys algo más que la preocupación de una derrota.

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