Boca empató en la agonía del superclásico

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Cuenta la leyenda que el Cid Campeador ganaba batallas después de muerto. Su sola presencia arriba de su caballo desanimaba al rival y lo hacía morder la derrota. En Boca, cada vez que enfrentan a River hay un Cid Campeador y es Guillermo Barros Schelotto, que con su sola presencia hace que una derrota que parecía inexorable se convierta, como ayer en un empate o en una victoria.

Es cierto que River convirtió el gol en el mejor momento de Boca, pero también es cierto que después de las expulsiones de Abbondanzieri y Krupoviesa, Boca estaba a merced de River que de contraataque generaba una situación tras otra.

Esto puede afirmar que el empate final fue el resultado que más se ajustó a lo sucedido en el campo, aunque las situaciones de gol de River fueron más claras que las de Boca.

Boca se adueñó de la pelota en la primera parte. Gago anuló a Montenegro y tuvo «aire» para distribuir juego. Bilos le ganaba con facilidad las espaldas a Santana y Federico Insúa se movía cómodo por todo el ancho de la cancha. El error de Boca en ese lapso fue tratar de definir el partido con un cabezazo. Casi todas las jugadas terminaban en centros, lo que favorecían el trabajo del paraguayo Cáceres y de un seguro Lux, que tapó un cabezazo cruzado de Silvestre, otro de Palermo y uno de Bilos.

River retrasó sus mediocampistas con la intención de encontrar espacio para el contraataque. Le faltó manejo de la pelota, porque al no gravitar Montenegro. Higuaín y Farías quedaban muy aislados. Sólo Zapata se animaba a transitar su andarivel por todo el largo de la cancha, aunque sin la claridad necesaria para desbordar a Ibarra.

Boca era el mejor de los dos y el gol parecía que iba a llegar por su propio peso. Pero el fútbol no es como las matemáticas, a veces uno más uno no da dos y por eso en el mejor momento de Boca, River llegó al gol con una definición exquisita de Ernesto Farías de emboquillada ante un Abbondanzieri que salió en falso.

Boca sintió anímicamente el gol en contra y se desordenó. River aprovechó la situación y empezó a manejar la pelota. Apareció, aunque por cuenta gotas, Montenegro, y con el ingreso de Gallardo tuvo más velocidad en ataque.

Hubo una jugada fundamental a los 22 minutos cuando Gallardo se iba solo al gol y Abbondanzieri lo derribó por lo que fue expulsado, teniendo que debutar Pablo Migliore.

Allí Boca dejó tres defensores y se fue con todo al ataque, lo que permitió a River contar con espacios para definir el partido de contraataque. Farías se perdió un gol increíble y Migliore le tapó un remate cruzado a Gallardo.

Allí Basile se jugó por la «mística» y puso a Guillermo Barros Schelotto por Bilos, faltando 11 minutos.

River quedaba en superioridad númerica en cada contraataque y eso hizo que Krupoviesale cometiera una falta descalificadora a Montenegro y dejara a su equipo con nueve jugadores. Después en un error insólito Sergio Pezzotta expulsó a Tula con tarjeta roja directa por una mano intencional que a lo sumo merecía una tarjeta amarilla.

River tenía el partido a su merced y Boca no encontraba la pelota, lo único que mantenía «vivo» el clásico era la diferencia de un solo gol. Iban 44 minutos y Guillermo Barros Schelotto recibió la pelota por la izquierda. Gambeteó a Ferrari y se metió al área apareado por Ferrari y con el cruce de Julio Cáceres, los «juntó» a los dos en un giro y cuando iba a pasar por el medio cayó. Penal dijo Sergio Pezzotta y todo el estadio ( después la televisión mostraría que nadie había tocado al mellizo). El milagro se había consumado otra vez. Boca encontraba el empate en su peor momento y con una jugada genial de su ídolo. Palermo lo convirtió con seguridad y después no hubo tiempo para más.

Boca se fue feliz porque rescató un punto, que a esa altura ya no esperaba y River terminó con mucho desazón porque se le escapó un triunfo que parecía cosa juzgada.

El clásico escribió una nueva historia y otra vez con el mismo protagonista: Guillermo Barros Schelotto, un jugador que está postergado por su rendimiento y en el ocaso de su carrera, pero que como el Cid Campeador es capaz de cualquier proeza.

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