Boca empató en la agonía del superclásico
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Guillermo Barros
Schelotto ya
está con su
pierna en el aire
ante el cruce de
Cáceres, que no
lo toca. Es el
penal que
Palermo convirtió
en el empate
final del superclásico.
Boca sintió anímicamente el gol en contra y se desordenó. River aprovechó la situación y empezó a manejar la pelota. Apareció, aunque por cuenta gotas, Montenegro, y con el ingreso de Gallardo tuvo más velocidad en ataque.
Hubo una jugada fundamental a los 22 minutos cuando Gallardo se iba solo al gol y Abbondanzieri lo derribó por lo que fue expulsado, teniendo que debutar Pablo Migliore.
Allí Boca dejó tres defensores y se fue con todo al ataque, lo que permitió a River contar con espacios para definir el partido de contraataque. Farías se perdió un gol increíble y Migliore le tapó un remate cruzado a Gallardo.
Allí Basile se jugó por la «mística» y puso a Guillermo Barros Schelotto por Bilos, faltando 11 minutos.
River quedaba en superioridad númerica en cada contraataque y eso hizo que Krupoviesale cometiera una falta descalificadora a Montenegro y dejara a su equipo con nueve jugadores. Después en un error insólito Sergio Pezzotta expulsó a Tula con tarjeta roja directa por una mano intencional que a lo sumo merecía una tarjeta amarilla.
River tenía el partido a su merced y Boca no encontraba la pelota, lo único que mantenía «vivo» el clásico era la diferencia de un solo gol. Iban 44 minutos y Guillermo Barros Schelotto recibió la pelota por la izquierda. Gambeteó a Ferrari y se metió al área apareado por Ferrari y con el cruce de Julio Cáceres, los «juntó» a los dos en un giro y cuando iba a pasar por el medio cayó. Penal dijo Sergio Pezzotta y todo el estadio ( después la televisión mostraría que nadie había tocado al mellizo). El milagro se había consumado otra vez. Boca encontraba el empate en su peor momento y con una jugada genial de su ídolo. Palermo lo convirtió con seguridad y después no hubo tiempo para más.
Boca se fue feliz porque rescató un punto, que a esa altura ya no esperaba y River terminó con mucho desazón porque se le escapó un triunfo que parecía cosa juzgada.
El clásico escribió una nueva historia y otra vez con el mismo protagonista: Guillermo Barros Schelotto, un jugador que está postergado por su rendimiento y en el ocaso de su carrera, pero que como el Cid Campeador es capaz de cualquier proeza.




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