Boca abre el camino de un triunfo contundente. Cagna pasó la pelota por sobre la cabeza de
Calero y llegó a la red. Benítez debe estar muy feliz por el contundente triunfo de anoche.
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El cabezazo de Cagna y el sutil toque de Guglielminpietro que llegaron a la red fueron -se podría decir- la coronación de un trabajo de Boca que sale del común denominador de los últimos tiempos. Fueron unos treinta minutos en los que el planteo de Benítez fue el de tratar de ahogar a los mexicanos. Desde medio campo hasta el área adversaria, anticipando, peleando cada pelota, rotando, buscando huecos para el remate.
El arquero Calero sacó no menos de cuatro pelotas de las llamadas «envenenadas», de ésas que van con destino de red. Una diferencia que la única incógnita que presentaba era hasta cuándo se podía sostener o, del otro lado, cómo iban a hacer los defensores de Pachuca para aguantar el aluvión futbolístico.
Un juego que comenzaba de cualquier sector; de salida por los laterales (Baiano-Calvo), del medio (Cagna-Vargas) o la puntada final (Guglielminpietro-Gago, de gran trabajo), para que la sutileza de Palacio por izquierda o la potencia de Palermo, generalmente buscando por arriba, crearan los caminos de gol. Fue tanta la diferencia, que poco se podía apreciar lo que tenían o trataban de imponer los mexicanos.
Los temibles Cacho y Borgetti (sus hombres de punta) poco pudieron ante una defensa que desarmaba al rival que intentaba salir o ganaba en superioridad. Como valedera habrá que apuntar una sola atajada de Abbondanzieri, a pesar de la mejoría de los mexicanos con el ingreso del conocido «Pipino» Cuevas. Sin embargo, en el complemento Boca siguió mostrando que, esta vez, era diferente. Primero, cabezazo cruzado de Palacio; después, Baiano. Partido terminado.
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