Cardozo y
Ledesma
saludan a
Guglielminpietro,
autor de
dos goles
y una de
las figuras
en la
victoria de
Boca ante
Cuenca.
Boca hizo más fácil lo que, a priori, era accesible. Porque bastó que despertara de su letargo, que imprimiera un poco más de velocidad para en 6 minutos (desde los 35 hasta los 41) definir un partido que hasta ese momento era demasiado anodino. Boca y Deportivo Cuenca jugaban sólo para cumplir con la programación del Grupo 8 de la Copa Libertadores y completarla. Porque el equipo de Jorge Benítez ya estaba clasificado -su único objetivo era ganar para terminar como uno de los mejores primeros de las zonas y poder definir como local en la próxima ronda- y porque los ecuatorianos -con varios suplentes- ya no tenían aspiraciones de avanzar a octavos de final.
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Esa falta de interés se notaba desde el comienzo. Boca no lograba compenetrarse en el juego y Cuenca manejaba tibiamente la pelota y hasta desequilibraba a una defensa que no se mostraba segura.
Sin embargo, a los 16 minutos se fue expulsado Corozo y eso sirvió para que, de a poco, se fuera comprometiendo más con el juego Guglielminpietro, se acentuaran los desbordes de Guillermo Barros Schelotto y Palermo comenzara a ganar en lo alto.
Apareció Boca y en 6 minutos definió el partido. Primero a través de Guglielminpietro, quien, de media vuelta, sacó un derechazo que se introdujo junto al palo izquierdo, haciendo estéril el esfuerzo de Klimowicz. Tres minutos después, con otra jugada de Guglielminpietro cuyo remate rebotó en el poste, y el rebote lo tomó
Palermo para marcar el segundo. Y, después, con otra intervención de Guglielminpietro, convertido últimamente en goleador del equipo (7 tantos entre Clausura y la Copa).
Había que esperar que llegaran más goles y en especial uno de Guillermo Barros Schelotto para festejar sus 32 años. Es verdad que Boca reguló sus fuerzas en el complemento, pero generó varias situaciones que no pudo concretar por falta de puntería y por la gran actuación del arquero Klimowicz.
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