16 de octubre 2000 - 00:00

Boca fue Riquelme y River se despertó y todo fervor un poco tarde

SeguramenteBianchi y Gallego estarán lamentando no haber llegado al triunfo. A decirverdad, los dos estuvieron cerca, por encima de ese 1-1 que quizás es loque más pone en la balanza aciertos y errores de los dos. Sin embargo, elpartido entró sobre el final en un ida y vuelta que puso el partido en lacategoría de «alta tensión». De un lado y del otro hubo situaciones claras paradesnivelar. De allí que -según el cristal con que se mire-podrá hablarse enfavor de uno o del otro. Bastaron cinco minutos para tener una idea de lo queiba a aportar el clásico: Boca demostró que estaba para no ceder nada. Alminuto Palermo y Riquelme ya habían impuesto presencia ante Bonano.

Riverhabía diagramado un esquema con la partida de Aimar de tres cuartos de canchapara alimentar a Ortega por derecha, Angel por el centro y Saviola porizquierda.

Bocale fabricó un embudo poniendo a Serna sobre Aimar y muy cerquita Battaglia yGustavo Barros Schelotto estaban para el corte (o la infracción). La primerajugada demostró que el horno iba a ponerse al rojo vivo. En verdad, comosiempre en este superclásico, de muchos roces y poco fútbol. El grito que lepegó Angel Sánchez a Ortega fue un prenuncio de que vendrían tarjetas amarillasen seguidilla. En la medida en que River se posicionaba en el campo daba laimpresión de que podía sacar una pequeña ventaja. Un anuncio había sido unapelota que Aimar le puso en profundidad a Ortega, que entró, pero Bermúdez, atento,logró desviar. Sin embargo, el partido cambió de repente porque Riquelme setiró hacia el lateral izquierdo y comenzó a manejar la salida desde allí. Erael toque de precisión que necesitaba Boca para equilibrar el juego. Con espacioen la zona media la gente de Boca podía intuir que el partido podíasimplificarse. Battaglia salió como elemento auxiliador de Riquelme y habíaespacio para el contraataque. Hasta que el «Chelo» Delgado se proyectó porderecha, se le fue a Lombardi y envió un centro preciso sobre el área. Palermole ganó en el salto a Yepes y envió cruzado. El delirio para la gente de Boca,porque ese 1-0 simplificaba su andar. A River le costó sobreponerse porque Bocano se retrasó y, para sus males, ni Husaín ni Berizzo encontraban la fórmulapara rodear a Aimar. Boca siguió agrupando gente en el medio, fundamentalmentecon un gran despliegue de Serna y Battaglia y porque Ibarra se convertía enbarrera infranqueable. River debía cambiar y lo hizo.

Enla medida en que Berizzo comenzó a tomar contacto con la línea de ataque yHusaín le dio destino cierto a la pelota, Aimar encontró su lugar en la cancha(tirado a la izquierda) e intercambiaron posiciones Angel (a la izquierda) ySaviola (apareciendo por todo el frente de ataque). Bermúdez, Matellán yFagiani no mostraban tanta seguridad. Sin embargo, hubo dos jugadas clave quepudieron definir el pleito: una pelota que pierde Palermo (dentro del áreachica) y una entrada de Delgado que bien pudo ser penal. River siguiótrabajando para el empate en la medida en que Boca dejó abandonado el ataque alo que podía realizar Riquelme, que no era poco pero no alcanzaba porquePalermo y Delgado no tenían ni aire ni piernas para responder.

Riverinsistió y tras una gran jugada de Aimar, que cedió a Husaín, quien a su vezalargó para Saviola, llegó el empate con remate cruzado que dejó parado aCórdoba. A partirde ahí se hizo un partido abierto. Se lo perdió Berizzo, un remate de cabeza deAngel sin custodia, después Yepes, al minuto Palermo, por una estirada deBonano, y finalmente Angel, que se quedó tomando la cabeza.

Bocase llevó un punto que lo beneficia, mientras que River deberá seguir remando, atres puntos más un adicional de tres por un partido adelantado de Boca.

 

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