Boca volvió a ser Boca. Ese equipo inteligente que sale a atacar de entrada y cuando se pone en ventaja se cierra defensivamente y se vuelve poco menos que invulnerable. En cambio Racing no fue el habitual Racing. Le faltó esa potencia ofensiva que lo caracteriza en los últimos partidos y no tuvo precisión en la mitad de la cancha. De esta forma se explica el justo triunfo de Boca.
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Boca salió con todo de entrada con mucha presión en la mitad de la cancha, donde se destacó el gran trabajo de Battaglia y Cascini en la recuperación y de Cagna y Donnet en la distribución del balón.
Racing «extrañó» a Sixto Peralta porque ni Mariano González, ni el chileno Mirósevic tuvieron la precisión habitual y perdieron pelotas que parecían fáciles de controlar. Si a esa circunstancia se le suma la floja actuación del colombiano Orozco en defensa, hicieron que el equipo perdiera confianza y no se animara a atacar con la predisposición de la que venía haciendo gala.
El gol a los 10 minutos de Donnet le dio a Boca la confianza que necesitaba para ejercitar su dispositivo táctico. Dejó venir a Racing y lo contraatacó con velocidad. Por esa vía creó tres situaciones claras más, que no pudo definir.
Racing se debatió en su falta de precisión. Por momentos sus jugadores parecieron incapaces de dar dos pases seguidos con sentido ofensivo. Tanto que Ardiles tuvo que cambiar al juvenil Juan Manuel Torres a los 20 minutos y poner a Arano para rear-mar defensivamente la mitad de la cancha. Allí hubo una leve mejoría y hasta ópticamente pareció que el desarrollo del partido podría llegar a emparejarse. En ese lapso (de alrededor de 30 minutos) Racing contó con dos chances para empatar el partido: primero Milito y después Rueda fracasaron en el remate final y Boca con toda su experiencia pudo retomar el dominio del juego.
Desde allí en más, fue otra vez Boca el que pudo ampliar su ventaja y en verdad no lo consiguió por la buena actuación de Campagnuolo. Más tarde se fue expulsado Cascini por doble amarilla y Bianchi optó por priorizar el aspecto defensivo haciendo ingresar primero a Villarreal (por Estévez) y después a Schiavi (por Cagna) con la manifiesta intención de formar una línea de cinco defensores con dos mediocampistas de marca delante de ellos.
Racing se volvió a encontrar con la pelota y gran parte del terreno a su disposición. Salió con todo a buscar el empate. El desorden con que atacó fue alarmante y terminó tirando centros inofensivos para una defensa que se cerraba en su aérea y no dejaba hueco para filtrarse. En un contraataque Delgado estuvo cerca del segundo gol, cuando ya las ilusiones de Racing habían dado lugar a la angustia de no poder llegar a un mejor resultado. En síntesis, se alejó a cinco puntos del triunvirato puntero y esa situación es más que elocuente.
La alegría de Bianchi en el vestuario era elocuente. Estaba feliz de haber recuperado la identidad futbolística y el funcionamiento. Boca volvió a ser Boca y acrecienta posibilidades de erigirse en firme candidato a ganar el torneo.
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