Palacio festeja el segundo gol que determinó el triunfo de Boca. Lo acompañan Insúa y Silvestre en la alegría. Rosario tuvo opciones para convertir y las desperdició.
Será difícil para Rosario Central digerir este trago amargo. Se puso en ventaja, perdió no menos de tres situaciones claras para convertir, manejó la pelota, explotó deficiencias defensivas de Boca, pero de pronto todo cambió... Llegó una jugada punzante de Boca, y Palermo mandó a la red decretando un empate (transitorio) hasta ahí inmerecido, Fassi debió tomar el camino anticipado de los vestuarios y como si todo esto fuera poco, en una serie de rebotes Palacio envió a la red una pelota que llegaba mansa luego de una serie de rebotes. Un 2-1 que parecía el mundo al revés. Hay una premisa en fútbol que señala que los equipos se forman de atrás hacia adelante. Algo que ni Rosario Central ni Boca tuvieron en cuenta. La circunstancia hizo que el juego se hiciera interesante. No tanto por la ductilidad o el manejo de la pelota, pero sí por las emociones que provocaban dos equipos lanzados en ataque. Lo tuvo primero el equipo rosarino cuando Rivarola envió desviado (estaba mano a mano con Abbondanzieri) y luego cuando Díaz salvó sobre la línea y Abbondanzieri ya había quedado desairado fuera del área.
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A la luz del resultado adverso, Rosario Central provocó un ataque sostenido. Tal vez aprovechando que Boca tenía serios problemas en la última línea y fundamentalmente porque es evidente que las ausencias de Gago y Battaglia crean huecos difíciles de tapar y, además, crean ausencias de pelota segura en las salidas.
Ante la realidad, Boca esperó que se le diera el tiempo y el espacio para aplicar el contraataque y aunque los rosarinos incursionaron con potencia, creando situaciones ciertas para lograr el empate, Boca optó por lo más simple: agruparse bien atrás, interponer gente y piernas sobre su propio campo y aprovechando rebotes para salir en velocidad contra el arco de Ojeda.
Los minutos hicieron que el partido tomara entonces el camino lógico. La precisión no era la misma, faltaba aire y, aunque los errores eran manifiestos, las posibilidades de gol quedaron abiertas para los dos. Rosario Central pudo llegar al empate y Boca hasta pudo haber aumentado diferencias. Aunque, claro, el gol de ventaja le daba argumentos como para volver de Rosario con una amplia sonrisa.
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