Boca tuvo su gran fiesta ante River
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Sin embargo, el dominio territorial y la posesión no se vieron reflejado en situaciones de riesgo y River apenas pudo inquietar a Christian Lucchetti.
En ese contexto, quedaron dos jugadas dudosas: un empujón de Juan Manuel Insarraulde sobre Rogelio Funes Mori que el árbitro Patricio Loustau interpretó como desplazamiento lícito y un offside de Lamela -cuando quedaba mano a mano- que generó la protesta de los futbolistas visitantes.
Pasado este leve dominio visitante, Boca se repuso, comenzó a emparejar el juego en la mitad de la cancha y acto seguido llegó una ráfaga del local que comenzó a definir el Superclásico.
Se jugaban 27 minutos, Pablo Mouche lanzó un córner desde la izquierda y cuando ingresaba Fabián Monzón para cabecear, Carrizo tuvo una desafortunada acción y metió la pelota en su propio arco con un manotazo.
Boca no desaprovechó la oportunidad, infló el pecho y amplió la ventaja en su siguiente aproximación por intermedio de Palermo, quien hizo uso de todo su olfato goleador.
Mouche ejecutó un tiro libre al área de River, la defensa visitante despejó, Nicolás Colazo la volvió a meter en el área, Insaurralde disputó la pelota con Juan Román Riquelme, y esta le quedó al goleador histórico, que con un cabezazo sobre el cuerpo de Carrizo marcó el segundo gol y desató la locura.
La Bombonera estalló, Boca se afirmó en el campo y empezó a jugar su partido, sin brillar, pero disputando cada metro del terreno ante un rival alicaído.
En el inicio del complemento, River contó con dos situaciones para descontar, pero en una Lucchetti voló para tapar un tiro libre bien colocado por Lamela y en la otra Monzón salvó en la línea un remate de Pavone que tenía claro destino de gol.
En tanto, Boca insinuaba en las réplicas, con un rápido -aunque impreciso- Mouche y un Palermo que se daba el lujo de tirar algún caño y ganaba cada pelota que llegaba por arriba.
Mouche pudo cerrar una goleada, pero sobre los 10 minutos se apuró a definir en una jugada que estaba solo y tiró la pelota afuera, y a los 17 Carrizo le tapó un mano a mano.
Los minutos pasaron, el empuje de Pavone y el fútbol de Lamela no alcanzaron, Boca se mantuvo firme y se quedó otra vez con todos los festejos en un Superclásico.



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