Contra viento y marea en busca del Guinness
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Gustavo Villarreal muestra orgulloso sus medallas. Estuvo al borde de la muerte y ahora busca quedar en el Libro de los récords.
La compañera de su vida
Nada de lo que logró este hombre de una increíble fuerza de voluntad hubiese sido posible sin su esposa, Claudia Vázquez, a quien le adjudica gran parte de sus logros. "El 50% lo hago yo adentro del agua y el otro 50% lo hace ella afuera", reconoce con una mirada enamoradiza.
Luego de confesar que además de las drogas y el alcohol, el tabaco fue un vicio que lo tuvo a maltraer, Villarreal habla sobre el sacrificio de entrenar con una pierna menos.
"Todo se hace más lento. El entrenamiento es todos los días. Me levanto, desayuno y como ahora estoy entrenando en el Cenard, salgo más temprano. La del Cenard es una pileta muy piola porque tiene la temperatura ideal, que es baja, no como las piletas recreativas que tiene el agua a 33 grados y para entrenar te cocinas. La idea es estar a las 12 porque tengo permitido nadar de 12 a 15. Y a esas tres horas diarias le sumo alguna carrera que hay los fines de semana. Los sábados no nado, descanso. Y empiezo los domingos en el Argentino de Castelar por cuatro horas. Y si no, hago doble turno: tres horas en Castelar por la mañana y a la tarde tres horas más en la Universidad de la Matanza que tiene un nado corriente que me sirve para la travesía del Río de La Plata", explica entusiasmado.
Además, Gustavo y Claudia, organizan un evento solidario para comedores de Mar del Plata donde nadan dos kilómetros y medios, desde Cabo Corriente hasta la Playa Popular uno. "No a la droga y sí al deporte (así se llama el acontecimiento) les pide a los nadadores que vienen alimentos no perecederos. Este año juntamos pañales y leche. Juntamos más de una tonelada entre 150", comenta Villarreal.
Esta es la historia de un hombre al cual un accidente lo hizo recapacitar y que ahora, pese a no contar con su pierna izquierda, nunca detuvo su marcha. Jamás se rindió (llegó a aprovechar una inundación en su barrio para salir a nadar por las calles de Morón), sueña, y va por más. Es la vida de Gustavo Villarreal, el nadador argentino que a los 50 años está en la puerta del libro Guinness de los récords. Cualquiera sea el resultado, ya ganó.




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