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7 de mayo 2007 - 00:00

De víctimas y victimarios

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Se habla de terminar con la violencia en el fútbol, pero cuando se produce un caso claro de violencia como la agresión de Gastón Sessa a Rodrigo Palacio, con un personaje que ya tiene antecedentes al respecto, el ambiente del fútbol en todos sus estamentos salió a defender al victimario y no a la víctima.

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El tribunal de disciplina de la Confederación Sudamericana todavía no se expidió, pero sí lo hizo Vélez Sarsfield, que, en lugar de rescindir el contrato de Sessa o aplicarle una multa económica, lo licenció hasta el final del torneo para que pueda hacer un tratamiento psicológico. En el mismo sentido se expidió Sergio Marchi, el secretario de Futbolistas Argentinos Agremiados, pidiendo que «no se condene a Sessa, que es un buen muchacho que cometió un error». ¿Y si le sacaba un ojo a Palacio?, cosa que no ocurrió porque los tapones pegaron arriba y abajo del globo ocular. ¿Quién protegía a Palacio?

La Justicia ordinaria dice que no puede actuar porque es un hecho de «acción privada» y el que tiene que denunciar es Palacio, que por los famosos «códigos del fútbol» no lo va a hacer y entonces no hay delito.

Esto no habría ocurrido si hubieran castigado como corresponde a Sessa cuando agarró del cuello al árbitro Pezzotta (le dieron 10 fechas por menor violencia) o lo hubieran separado en Vélez cuando le pegó un cachetazo en pleno partido a su compañero Pellegrino, o cuando en Córdoba conmocionó de un pelotazo a un alcanzapelotas y luego se agarró los testículos ante un reportero gráfico. Pero en este ambiente, los victimarios «son buenos muchachos que se equivocan»; y las víctimas, que se embromen.

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