15 de septiembre 2009 - 01:22

Del Potro festejó en la cima del Empire State.

Juan Martín Del Potro en la cima de Nueva York.
Juan Martín Del Potro en la cima de Nueva York.
Juan Martín del Potro toca el cielo con su raqueta. Tras haber ganado el US Open, su torneo predilecto, a los 20 años y como verdugo de Roger Federer, el argentino simbolizó hoy su ascenso a la cima del tenis con una sesión de fotos en el Empire State, el edificio más alto de Nueva York.

"Estoy exhausto", afirmó en las primeras horas del martes el jugador responsable de haber pegado uno de los mayores golpes del año en el mundo del deporte gracias a la potencia de su derecha y de su mentalidad de ganador nato.

Tres horas después de derrumbarse sobre la cancha azul del Arthur Ashe para festejar la victoria más importante de su vida y llorar a pulmón abierto su alegría ante casi 25.000 asistentes y cientos de millones de telespectadores, Del Potro llegó a un restaurante de la Tercera Avenida y 49 Este para su primera cena como campeón del US Open.

Allí, rodeado de su equipo de trabajo más algunos periodistas invitados, Del Potro disfrutó un bife de solomillo mientras contestaba decenas de mensajes de texto de felicitación que llegaban a su teléfono. Se lo veía cansado, con las huellas en la cara y el cuerpo de la batalla de cuatro horas con Federer y de la tensión de las horas previas.

"¿Y cómo sigue todo con Maradona y la selección?", preguntó ávido de tener noticias del equipo albiceleste. Vestido con una camisa a rayas azul y blanca, Del Potro hace el brindis de rigor con su coach, Franco Davin, su preparador físico, Martiniano Orazi, y su manager, Ugo Colombini.

Hacia ellos escaló apenas concretada su gesta ante Federer. En el palco se fundió en un abrazo con sus colaboradores. Minutos después, "Delpo" dedicaba en español su triunfo a "los argentinos que están aquí, mis padres, Julieta -su hermana-, mis abuelos, mis amigos...".

A estos últimos verá ya en la mañana del miércoles, cuando arribe a Buenos Aires con un trofeo que sólo un argentino había acariciado como él, 32 años antes, un tal Guillermo Vilas. Quizá entonces, cuando sea objeto de una bienvenida como pocas, Del Potro caerá en la cuenta del tamaño de su hazaña.

O el domingo próximo, cuando reciba un baño de multitudes en La Bombonera, la casa del equipo de fútbol de sus amores, Boca Juniors.

En la noche del lunes en que entró en los libros de historia del tenis, numerosos clientes del restaurant se acercaron a felicitarlo, a pedirle una foto o un autógrafo o incluso a regalarle un champagne. Pasada la medianoche, Del Potro partió para un festejo privado, que no pudo extenderse demasiado.

Es que a las 08:00 horas en punto, el nuevo campeón aparecía en la pantalla del popular programa Earlyshow, de la emisora CBS, la primera de sus tres paradas matutinas en la televisión neoyorquina.

En esa gira por la ciudad de los rascacielos, el "gigante" argentino paseó acompañado del trofeo que lleva su nombre por debajo de cinco menciones consecutivas al número uno del mundo, Federer. "¿Qué fue diferente esta vez? Hice todo perfecto. Espero seguir ganándolo como Roger", dijo Del Potro en su más correcto inglés, sentado junto a los dos conductores del programa con una calle neoyorquina de fondo.

De los sets televisivos a las fotos en el último piso del Empire State. De casi 450 metros de altura, el edificio más alto de Nueva York es sin dudas el lugar perfecto para simbolizar el gran salto pegado por Del Potro, nuevo "emperador" de una Nueva York que fue testigo atónita de cómo su "hijo adoptivo" Federer perdía la corona.

Por otro lado, los fanáticos argentinos extendieron sus festejos hasta Estados Unidos, llegando al sitio web del prestigioso diario del "New York Times". En todas las notas referidas al tenista argentino, los cosmonautas llenaron las páginas de comentarios festejando la obtención y arengando al tandilense.

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