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Ayer empató y hasta pudo haber perdido contra un discreto Gimnasia de Jujuy. Un equipo que lo respetó demasiado y que se terminó conformando con el empate sin arriesgar por lograr el triunfo.
River mostró errores defensivos, que se agudizaron por la falta de seguridad de un Costanzo apurado que cometió errores infantiles. En la mitad de la cancha hubo más preocupación por la marca que por la creación y por eso no lucieron ni Patiño (muy por debajo de su nivel habitual) ni Santana, que tuvieron que cerrarse a ayudar a San Martín, casi como «un triple cinco» para que pudieran proyectarse en ataque Cristian Alvarez y Zapata. Gallardo alternó buenas con malas, y los delanteros se movieron mucho buscando espacios, pero nunca recibieron la pelota dominada, por lo que muy pocas veces se acercaron a Palos.
Gimnasia salió a luchar la mitad de la cancha, se vio favorecido por la falta de ambición de los mediocampistas de River para trabar la pelota en la zona y aprovechó los tiros libres para buscar inquietar a Costanzo.
Los jujeños pudieron incluso ganar el partido en una jugada en que Damonte eludió la apresurada salida de Costanzo y fue derribado por el arquero, pero aunque Héctor Baldassi había cobrado penal, el arbitro asistente le advirtió que el «platinado» mediocampista había arrancado en posición adelantada y cambió su sanción.
Astrada quiso cambiar con Diego Galván por Patiño y Oberman por Gastón Fernández, pero aunque puso más jugadores en función de ataque no logró atacar más, porque no fueron bien abastecidos.
El empate sin goles fue el justo reflejo de un pobre partido en el que uno no quiso y el otro no supo. River no encuentra su identidad futbolística. Se queda a mitad de camino entre defenderse y atacar, y termina haciendo todo mal.
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