Mientras Rafael Nadal se abrazaba y festejaba, merecidamente, con sus compañeros de equipo, Juan Martín Del Potro lloraba desconsoladamente sentado en el banco. Fue ahí cuando sus compañeros, con Juan Mónaco a la cabeza, se acercaron a darle el último abrazo.
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Ya repuesto y de pie, Del Potro continuaba con sus lágrimas mientras recibía el cariño de todo el equipo argentino. En ese momento fue cuando David Nalbandian se tomó un tiempo para abrazarlo y decirles unas palabras al oído, una imagen que todos los amantes del tenis querían ver.
"Le dije lo que se dice a un compañero que se dejó todo en la cancha", confesó Nalbandian cuando fue consultado por ese momento.
Parece haber quedado de lado aquel frío trato de 2008 cuando, envueltos en una pelea, las dos figuras del plantel argentino no se dirigían la palabra. En este 2011, las rispideces quedaron de lado y se respiró un clima armonioso en el viaje a Sevilla.
El resultado deportivo fue el mismo, pero la realidad marca que la esperanza que se tuvo hasta el final de la serie no hubiese sido posible si no se limaban las asperezas de hace tres años.