ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

12 de junio 2026 - 11:02

El Mundial de EEUU (Y México. Y Canadá)

El torneo y su organización no es una discusión solo sobre infraestructura ni poderío económico.

ver más

Trump y u gusto que muchos desean: la Copa del Mundo al alcance de la mano.

@X.com

El Mundial 2026 de Estados Unidos empezó en México y seguirá en Canadá. Acaso como una palmada en el hombro del gigante a sus vecinos, el país al que representa el equipo que le ganó 2-0 a Sudáfrica en el partido inaugural de la Copa del Mundo no siente al torneo como propio. México organizó dos Mundiales, el de Pelé (1970) y el de Maradona (1986). Este palmarés lo lleva a exigir un trato igualitario de parte de la FIFA ante el gran evento, pero no ocurre en la práctica. Estados Unidos será sede de 78 de los 104 partidos que tendrá la máxima competencia. Canadá y México se reparten los 26 restantes en partes iguales.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

No es una discusión sobre infraestructura ni poderío económico, porque en ambos ítems Estados Unidos califica largamente por encima de sus limítrofes. Se trata de política, de relaciones, de economía y de cultura, por supuesto. También de alguna deuda antigua.

La designación de las sedes para el Mundial 2026

Cuando se designó a Rusia y Qatar para ser sedes de los Mundiales de 2018 y 2022 respectivamente, esas nominaciones eran para Inglaterra y Estados Unidos, según se preveía antes de las votaciones para elegir los lugares de realización del gran evento. Los derivados de estas decisiones cuanto menos oscuras, ya los conocemos. Uno, escandaloso, fue el FIFA Gate, que terminó con un montón de dirigentes poderosos de entonces tras las rejas, o bien, entregando a pares o superiores a cambio de libertad y una buena vida en grandes urbes del mundo.

trump infantino mundial

Otro de los coletazos de las designaciones de Rusia y Qatar (o de las no designaciones de Inglaterra y, ante todo, de Estados Unidos) es lo que está sucediendo hace un tiempo. Todo evento futbolístico importante que anda dando vueltas por ahí, va a parar al país que gobierna Donald Trump. Primero fue la Copa América de 2024, después del Mundial de Clubes de 2025, ahora la Copa del Mundo de 2026, que le dejará a la FIFA y a algunos de sus socios, ganancias cercanas a los 12 mil millones de dólares. No contentos con todo esto, el 5 de diciembre de 2025, en ocasión de realizarse el sorteo del Mundial, en el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington DC, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, le dio a Trump un premio por su “trabajo permanente para la paz y la unidad de los pueblos”.

Claudia Sheinbaum es la primera mujer en la historia de México que preside el país. Asumió el cargo en 2024, tras haber sido Jefe de Gobierno de la Ciudad de México entre 2018 y 2023. Su procedencia política es del partido de Andrés López Obrador, el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA). No está feliz con toda esta relación tan estrecha entre FIFA y Trump. Además, fronteras adentro tiene conflictos varios, cuyo estallido podría producirse en forma de marcha o manifestación social el día del estreno de la Copa del Mundo. México tiene problemas comunes a los países latinoamericanos y, por supuesto, temas propios, como la intensa protesta de los docentes, conflictos con los agricultores y el reclamo por los desaparecidos.

Sheinbaum no fue a la ceremonia inaugural. Algunos creen que fue como protesta por esa relación tan estrecha entre Trump e Infantino, que margina tanto a México como a Canadá. Otros, piensan que la Presidenta quiso evitar una silbatina como la que se llevó (y fui testigo directo y asombrado a mis 25 años, en mi primera Copa del Mundo como periodista) el entonces primer mandatario Manuel de la Madrid antes del partido inaugural entre Italia y Bulgaria, en 1986. Lo cierto es que la ausencia de la presidenta mexicana le quitó cierto costado político a un evento que ya de por sí lo tiene en abundancia. Logró que las cosas siguieran su curso, que el público siguiera la poco original ceremonia inaugural y que se fuera feliz por la victoria de la tricolor.

El Mundial ya está entre nosotros. Con un número exagerado de equipos, con rarezas como un corte publicitario en medio de cada tiempo y nuevas reglas, con tres países “organizadores”, aunque, en realidad, todos sabemos que el que lleva el peso y el interés de la conducción del fútbol es de uno solo.

Ahora sigue la fiesta. La Argentina, como pueblo futbolero por excelencia, seguirá con fruición cada movimiento de la pelota, olvidará sus problemas por un tiempo y gritará cada gol como si fuera el último o como si la plata le alcanzara para llegar a fin de mes.

El fútbol lo puede (casi) todo.

Últimas noticias

Te puede interesar

Otras noticias