La necesidad de creer: por qué las teorías conspirativas penetran cada vez más en la sociedad

La influencia de las redes sociales, el cerebro en búsqueda de culpables y un consuelo a la derrota, incentivaron la emergencia de nuevas narrativas respecto a la final del Mundial 2026. Estas especulaciones suelen ganar fuerza tras los grandes acontecimientos.

El Mundial 2026 desató nuevas teorías conspirativas. 

El Mundial 2026 desató nuevas teorías conspirativas. 

La derrota de la Selección argentina frente a España en la final del Mundial 2026 no solo provocó tristeza, bronca y frustración. En las horas posteriores al partido, las redes sociales se llenaron de versiones que afirmaron, sin pruebas, que el resultado estuvo arreglado, que existieron presiones políticas o que los futbolistas recibieron amenazas para dejarse perder.

En X, TikTok, Facebook y YouTube circularon acusaciones contra la FIFA, supuestas operaciones del FBI contra Claudio “Chiqui” Tapia, represalias por la bandera de las Islas Malvinas, arreglos vinculados con las apuestas, masonería, magia negra y hasta “drenajes de energía”. Ninguna de esas narrativas presentó evidencias concretas, pero muchas alcanzaron a millones de usuarios.

El fenómeno abrió una pregunta que excede al fútbol: ¿Por qué una explicación extraordinaria, sin respaldo comprobable, puede resultar más convincente que aceptar una derrota? Para especialistas, las teorías conspirativas reducen la complejidad, ofrecen culpables reconocibles y permiten transformar el dolor en una injusticia externa que alguien deberá pagar.

Una explicación sencilla para una realidad compleja

Una teoría conspirativa atribuye un hecho a un plan secreto ejecutado por actores poderosos y malintencionados, incluso cuando existen explicaciones más probables. Su eficacia reside en que reemplaza el azar, los errores y la incertidumbre por una narración en la que todo responde a un propósito.

La teoría conspirativa atribuye un hecho a un plan secreto ejecutado por actores poderosos y malintencionados.

La teoría conspirativa atribuye un hecho a un plan secreto ejecutado por actores poderosos y malintencionados.

El investigador y divulgador Daniel Kraselnik explicó a Ámbito que estas ideas presentan el mundo mediante una fórmula fácil de comprender. “Las teorías conspirativas explican la realidad de una forma muy sencilla: hay un grupo de personas con intenciones malévolas y un poder desproporcionado, que opera desde las sombras manipulando la realidad para beneficiarse y perjudicarnos”, señaló.

Para el sociólogo Agustín Pérez Marchetta, también resulta necesario evitar una mirada exclusivamente burlona o despectiva sobre quienes creen en esas narrativas. “Más que de teorías conspirativas yo hablaría de mitos, creencias, supersticiones, tratando de que no sea un análisis peyorativo como para decir `mirá qué loco lo que piensan o mirá la curva que se comen`, porque me parece que no ayuda a la comprensión entre los seres humanos”, sostuvo en diálogo con este medio.

Las teorías conspirativas funcionan, en términos psicológicos, como una suerte de analgésico cognitivo. Frente a un acontecimiento doloroso, caótico o difícil de explicar, ofrecen una respuesta cerrada que disminuye la angustia. La derrota ya no surge de un mal partido o de la superioridad del rival, sino de una maniobra oculta.

“El mundo es extremadamente complejo. Todo lo que ocurre está influido por muchísimos factores que operan simultáneamente de forma no lineal, y con consecuencias muchas veces impredecibles. Aceptar el rol del azar y la incertidumbre suele ser muy difícil para el ser humano”, explicó Kraselnik.

El consuelo frente a la derrota argentina en el Mundial 2026

En el caso del Mundial 2026, la conspiración también permitió proteger la identidad de un grupo que llegó a la final convencido de que tenía al mejor equipo y al mejor futbolista. Admitir que España jugó mejor, como afirmó Lionel Scaloni, obligó a reconocer que incluso los campeones pueden perder.

“Perdimos porque ellos jugaron mejor, está bueno reconocerlo”, sostuvo el entrenador argentino después del encuentro. Sin embargo, para muchos usuarios, esa explicación resultó menos tolerable que imaginar amenazas, presiones o acuerdos secretos.

Pérez Marchetta relacionó esa reacción con el carácter exitista que atraviesa parte de la cultura argentina: “Cuando se perdió eso uno quedó desahuciado, quedamos así como en Pampa y la Vía, incrédulos, entonces se tiene que apelar a algo. No puede ser que el mejor del mundo pierda futbolísticamente contra los otros, entonces se empiezan a pergeniar estas teorías conspirativas o conspiranoicas, donde prima lo emocional y lo espiritual antes que lo racional y lo técnico”.

Según el sociólogo, la creencia también puede brindar serenidad frente a un resultado difícil de procesar. “Desde Sociología de la religión se habla de esto de la necesidad de la creencia. Al ser humano se le acaban las razones, porque en un momento se nos acaban las razones a todos y hay cosas inexplicables en el universo, y allí la religión viene a ser un manto de calma, de piedad, de serenidad. Es como decir, bueno, entonces nos hicieron magia negra las brujas españolas. Ahí te da una serenidad decir que no lo perdió uno, explicó.

La conspiración desplaza así la responsabilidad hacia un culpable externo. Si el encuentro estuvo manipulado, no hace falta revisar los errores propios, reconocer al adversario ni atravesar la frustración. Perder deja de ser una experiencia que debe procesarse y se convierte en una injusticia provocada por otros.

La búsqueda de respuestas para que "todo cierre"

Una de las principales fortalezas de estas narrativas es que parecen ofrecer respuestas para cualquier objeción. Cuando aparece una prueba que contradice el relato, puede ser presentada como parte del encubrimiento.

“Las teorías conspirativas son complejas de refutar justamente porque nunca pueden falsearse: Pase lo que pase, todo siempre se explica por la propia conspiración”, advirtió Kraselnik. Y agregó: “Si se muestra un video, un audio, una foto que desmienta la conspiración, está manipulada. Si hay un testimonio, se hizo bajo amenaza. Si sale una nota en los medios, es falsa o manipulada”.

La teoría conspirativa también es una búsqueda de que

La teoría conspirativa también es una búsqueda de que "todo cierre".

Esa estructura transforma la ausencia de evidencia en una supuesta demostración de que el plan secreto fue cuidadosamente ocultado. Por eso, el especialista propuso una pregunta sencilla para evaluar cualquier afirmación: “¿Me podrían mostrar algo que me haría cambiar de opinión?”. Si la respuesta es negativa, la creencia deja de funcionar como una hipótesis racional.

El mecanismo también coloca al creyente en una posición moralmente reconfortante. “Las teorías conspirativas apelan a una emocionalidad muy básica. Sentirse víctima de personas o instituciones malévolas aporta validación moral, y nos coloca en el lado correcto de la historia”, explicó Kraselnik.

Además, pertenecer al grupo que supuestamente “descubrió la verdad” puede generar una sensación de superioridad. Quien cree que comprendió aquello que millones no logran ver siente que accedió a un conocimiento reservado, mientras el resto permanece "engañado".

Las redes sociales y la industria de la indignación

La sospecha no nació con internet, pero las plataformas modificaron su velocidad y alcance. Antes, una teoría podía circular en una conversación familiar o en una mesa de café. Ahora, un video recortado o una frase fuera de contexto puede alcanzar millones de reproducciones en pocas horas.

Uno de los ejemplos fue la arenga de Lionel Messi antes de la final. Su frase “olvídense de todo” fue utilizada para sugerir que el plantel conocía amenazas o presiones externas, pese a que no apareció ninguna prueba que respaldara esa interpretación.

“Las redes sociales potencian muchísimo todo esto, ya que incentiva la producción de contenido viral sin importar su veracidad. Los algoritmos premian la interacción, (comentarios, compartidos, repost, guardados, likes) otorgando más visibilidad e incluso monetizando directamente”, sostuvo Kraselnik.

El modelo de las plataformas prioriza los contenidos que generan miedo, enojo, ansiedad o indignación porque esas emociones aumentan el tiempo de permanencia y las interacciones. En ese ecosistema, una explicación espectacular suele tener más posibilidades de viralizarse que una reconstrucción prudente y basada en evidencias.

Pérez Marchetta señaló que las redes también producen microclimas donde los usuarios reciben contenidos similares a sus creencias. “Las redes sociales y los medios de comunicación generan un microclima que después incide en la percepción general global, o que va alimentando la cosa pública”, explicó.

Esos espacios se convierten en cajas de resonancia: el algoritmo recomienda publicaciones parecidas, los usuarios encuentran comunidades que validan su interpretación y la repetición termina siendo confundida con una prueba. Cuantas más veces aparece una idea, más verdadera puede parecer.

"Además estamos en la era de la posverdad, donde ya no sabes qué es mentira y qué es verdad, porque los medios de comunicación son sensacionalistas, amarillistas, y están más centrados en la información que genere impacto y mercancía como un bien público, me parece que el ser humano podría pensar la teoría conspirativa como un exceso de desbalanceo en las dimensiones. Como que, o se apuesta mucho a lo espiritual, a lo religoso, a lo esotérico, o la razón como que va a mil por hora", explayó Perez Marchetta.

En ese marco, añadió: "Las redes juegan ese factor que, según quién las dirija, buscarán darnos representaciones sociales, introyectarnos adentro de nuestro cerebro representaciones sociales que respondan a X intereses".

Entre la sospecha legítima y la conspiración

Que una teoría conspirativa resulte falsa no significa que las instituciones poderosas nunca actúen de manera corrupta. Existen operaciones políticas, negocios ilegales, presiones corporativas y maniobras que deben investigarse.

“Las teorías conspirativas, además, son fuertes porque son plausibles. Sin dudas, existen personas e instituciones con un gran poder, grandes intereses y pocos escrúpulos. Investigar y denunciar esto no consiste en ser un conspiranoico, y de hecho es —o debería ser— el trabajo del periodismo”, aclaró Kraselnik.

La diferencia está en la evidencia. Una investigación seria contrasta documentos, fuentes y testimonios, y acepta la posibilidad de estar equivocada. Una teoría conspirativa comienza con una conclusión cerrada y acomoda cada dato para sostenerla.

La redes sociales son grandes hacedoras de éstas teorías.

La redes sociales son grandes hacedoras de éstas teorías.

En ese sentido, el informe “La creencia en teorías conspirativas”, elaborado por Chequeado, Africa Check y Full Fact, señaló que estas narrativas suelen atribuir sucesos complejos a actores ocultos, presentar pocas pruebas, reinterpretar cualquier evidencia y apelar primero a las emociones.

Durante el Mundial también circularon teorías opuestas. Primero se sostuvo desde otros países que la FIFA favorecía sistemáticamente a la Argentina. Después de la final, algunos hinchas argentinos afirmaron exactamente lo contrario, que el organismo decidió perjudicarla. Los análisis verificaron distintas acusaciones y encontraron que carecían de pruebas o resultaban falsas.

Los riesgos de reemplazar la realidad por un enemigo

Las conspiraciones pueden parecer inofensivas cuando se limitan a un partido de fútbol, pero su lógica tiene consecuencias sociales y políticas. Señalar a un grupo como responsable secreto de todos los males puede convertirlo en un chivo expiatorio y justificar ataques en su contra.

“Debemos tener muchísimo cuidado con las teorías conspirativas, porque si se convence a una mayoría de que un grupo minoritario de personas opera desde las sombras, con un poder desproporcionado, para manipular la realidad y perjudicar a la mayoría, ¿No tiene esa mayoría el derecho, y hasta el deber, de defenderse?”, advirtió Kraselnik.

Para Pérez Marchetta, estas narrativas también pueden distorsionar la percepción social. “Estas teorías conspiranoicas nos pueden volver o muy cínicos, o muy hipócritas, o muy ingenuos, si no tienen tanto asiento en la realidad, si no están chequeadas las fuentes, podemos empezar a tener una percepción social distinta a lo que sucede en la realidad”, sostuvo.

Frente a esa dinámica, los especialistas recomendaron verificar el origen de los contenidos, consultar fuentes confiables y desconfiar de las explicaciones extraordinarias que no presentan pruebas. También plantearon la necesidad de detenerse antes de compartir una publicación que provoque indignación inmediata.

“Cuando sientas indignación, miedo, enojo o angustia viendo redes sociales, tomate un segundo para pensar si no estás siendo víctima de una manipulación emocional”, aconsejó Kraselnik.

La derrota de la Selección argentina produjo tristeza y frustración, pero atravesar esas emociones también forma parte de la experiencia deportiva y de la vida. Reconocer el mérito del otro no reduce el propio, del mismo modo que perder una final no borra la historia de un equipo. La alternativa conspirativa puede ofrecer consuelo inmediato, aunque su precio sea renunciar a la evidencia, a la responsabilidad y a una comprensión más compleja de la realidad.

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