El líder Boca Juniors y el segundo en la clasificación, River Plate, jugarán el domingo el partido más esperado del Torneo Clausura, porque a la tradición del encuentro se le suma su incidencia en la disputa del título de campeón.
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Dos puntos separan a Boca de River en la tabla de posiciones, en momentos en que ambos equipos se han clasificado para los cuartos de final de la Copa Libertadores, lo que supone una carga extra para la expectativa que ha despertado el choque entre los equipos más populares del país y los de mejor rendimiento en el primer semestre del año.
De los antecedentes inmediatos de ambos surge la impresión de que este Boca da la sensación de que es un equipo más sólido que el actual River, al que no le resultó fácil progresar en sus últimos partidos del torneo y de la Copa Libertadores.
Boca llega al superclásico del domingo con una potencial ventaja en las posiciones, respaldado -además-por lo táctico y con menos presiones que River, y esto puede influir en el desarrollo del partido, que se erigió en el más esperado del Torneo Clausura.
El carácter versátil de los mediocampistas de Boca y la predisposición del equipo a atacar por las puntas aparecen como factores que pueden inclinar la balanza hacia el equipo xeneize. Ante la falta de un enlace clásico, Bianchi ya aceitó una formación con cuatro volantes en línea, en la cual los que ocupan posiciones externas son los obligados generadores de juego. Sin una referencia clara para el armado, Matías Donnet, Neri Cardozo (hasta Javier Villarreal muestra una versión goleadora que se le desconocía en sus comienzos) y Fabián Vargas, por ejemplo, son mediocampistas que logran una transición rápida entre defensa y ataque.
En cambio, las características de los volantes de River están mucho más emparentadas con la generación de juego que con la recuperación del balón.
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