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Ese fue el marco donde se jugó el partido. La practicidad era elemento para hacer inclinar la balanza. Esta formación de Boca (integrada por jugadores que habitualmente no son titulares) pareció con mejores argumentos: circulación de pelota, cuando se podía triangulando, escalonado en terreno y por individualidad o empecinamiento, fue cosechando posibilidades ciertas.
A Gimnasia le fue bien en la medida en que los pelotazos largos, a manera de contraataque, le permitían incursionar por la derecha de su equipo, donde Dinas no se mostraba seguro. Fueron sólo centros, pero que inquietaron a Abbondanzieri. Sin embargo, el gol llegó por inexplicable remate de tiro libre de San Esteban, que pasó en el estatismo de diez piernas y se coló junto a un poste.
A Boca se le simplificó el trabajo, cuando Schiavi se elevó y cabeceó ante San Esteban.
La pelota hizo una rara parábola y se coló entre palo y travesaño. Al partido no se le podía pedir más que las ganas de Omar Pérez, la velocidad de Estévez y alguna escapada de Giménez
Hasta que una pelota llegó al borde del área. Entró Turienzo, infracción, penal y Enría puso el segundo y el triunfo de Gimnasia y tres minutos después el tercero.
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