El otro lado del tenis: Facundo Bagnis, la realidad económica y cómo disfrutar más allá de todo

Deportes

El santafesino exhibe una faceta diferente al promedio de los jugadores, reflexivo y con pensamientos claros. "Soy un privilegiado por lo que hago y empecé a agradecerlo más", le dijo a Ámbito.

“En los últimos años me di cuenta de que soy un privilegiado por lo que hago y lo empecé a vivir más y agradecer más”. No es frecuente ver jugadores de tenis reflexivos, que intentan dar un paso delante de la competencia. Pero Facundo Bagnis es diferente. Su análisis del deporte tiene una mirada particular: pensar en el prójimo, crear oportunidades y disfrutar más allá de un resultado.

Este martes debutó en el Challenger de Buenos Aires que se disputa en el Racket Club con un 6-1 y 6-4 sobre el platense Thiago Tirante y el miércoles se enfrentará a Bautista Torres, otro argentino. Nacido en Armstrong, Santa Fe, en 1990, tiene un marcado tono de voz que exhibe su crianza en el interior. Habla pausado, con palabras calculadas y no teme dar su opinión.

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Lleva más de una década en la alta competencia, y la experiencia le enseñó que no todo es color de rosas en el tenis, un deporte muchas veces déspota con aquellos que lo eligen como sustento. “Es muy difícil vivir de esto”, le dice a Ámbito tras su estreno en el club de Palermo. “De los chicos que sueñan con ser profesionales, un porcentaje ínfimo lo logran”, detalla.

“Encima después llegás a ser profesional y solo los 100 primeros viven del tenis, entonces es un poco cruel”, argumenta. Sin embargo, a pesar de haber sido N°55 del mundo en 2016, de haber jugado la final de Santiago de Chile en 2021 o de haber ganado diferentes torneos challenger, entiende que no deben olvidarse de la masa de los tenistas: “Cuando uno llega a estar dentro de los 100, le va bien y juega Grand Slams, ya está en la ola y surfea con ella, y no mira para atrás diciendo: ‘¿qué hacemos con los chicos de los Futures que no viven de esto?’”.

En 2020, el serbio Novak Djokovic, por entonces número 1 de la ATP, provocó un cisma con dicha entidad y creó la PTPA (Asociación de Tenistas Profesionales, en español). Su intención, al menos públicamente, era mostrar su disidencia con el organismo rector y discutir la creación de nuevas oportunidades para todo el sistema. Dicha moción no contó con el apoyo de Roger Federer ni de Rafael Nadal.

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Bagnis fue uno de los primeros argentinos en favorecer la propuesta. “En cierto punto nosotros no tenemos las herramientas ni somos los indicados, las autoridades son las que lo tienen que hacer. Es una batalla que hace tiempo que se viene perdiendo, entonces qué mejor que la ayuda de un número uno para poder revertir esa situación”, esgrime, con gesto adusto.

El zurdo entiende como pocos este problema. Durante una década estuvo ligado a un contrato de sponsoreo privado, una solución a la que varios tenistas argentinos suelen recurrir para poder construir una carrera. Para el santafesino todo comienza con una “mala economía y mala posición geográfica”, por lo que “cuando no tenés soporte de las federaciones o de las entidades o de los gobiernos, es muy difícil. Tenés que ser ultra mega talentoso para al poco tiempo meterte y ya poder depender de tu propio bolsillo”.

Con 32 años, Bagnis entró en otra etapa y hasta se anima a deslizar un “ahora estoy más viejo” con una leve sonrisa. La experiencia ayuda, cambia la visión y la mentalidad. Entonces, lo que alguna vez fue una complicación, hoy quedó atrás y se permite gozar más allá de la raqueta y la pelota. “Disfruto un poco del otro lado del tenis como por ahí puede llegar a ser una charla”, dice quien no se considera “fan” de este deporte.

Aunque lo vive desde que empezó a jugar a los 7 años, intenta que no ocupe en su vida más del tiempo debido. “Prefiero hablar de otros deportes”, expresa, y también reconoce que con los años advirtió que “las cosas que más me quedaban y más había disfrutado eran los momentos con las personas y no de los resultados”.

Este es uno de sus pilares en la estructura motivacional. Por su puesto que la sed de victoria coexiste, pero no es el sustento final. “Obviamente que uno trabaja, entrena y lucha para ganar y vivimos de esto y necesitamos el dinero para vivir, entonces eso interfiere y sigue dentro porque en cualquier partido se puede ver que la tensión está”, explica, y contrapone: “Este tipo de planteos me gustan porque exhiben otras facetas. Un tenista es una persona, con valores, educación, con una manera de ser, con cuestiones que están vinculadas a disfrutar, o no pasarla bien o pasarla mal. Son temas interesantes que cada vez se van abordando más y que en el tenis son bastante conocidos por que lo mental marca mucho la diferencia”.

https://twitter.com/ChallengerBA/status/1574808674761154561

“Las cuestiones mentales son lindas para charlarlas”, pone sobre la mesa en una época en la que grandes figuras del deporte como Simone Billes o Naomi Osaka revelaron las consecuencias de las presiones. O como Bagnis define, “la locura de la competencia”.

A los 32 años, uno de los hijos pródigos de Armstrong, donde también nació el mítico Delfo Cabrera, intenta “defender” y devolverle algo a este deporte. Por eso maneja la escuela de tenis adaptado para personas discapacitadas en la Fundación Estar, dirigida por su amigo y exjugador Eduardo Schwank.

“El tenis aportó a mi vida, yo le estoy súper agradecido cómo me formó como persona, la educación que me dio, los valores, el hecho de incluso hasta juntar a toda mi familia entera y mis amigos para verme a mí. Eso es algo impagable”, cierra mientras continúa, relajado, con la atención a la prensa. Una forma distinta de ver la competencia es posible.

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