El Gran Premio de Hungría fue todo color rojo: victoria de Rubens Barrichello, Michael Schumacher segundo, duodécimo título mundial de constructores y el cuarto consecutivo para Ferrari.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Schumacher y Barrichello aplicaron con notable precisión su plan de carrera: largaron delante de todos, hicieron el vacío a sus espaldas (Ralf Schumacher arribó a 15 segundos, pero llegó a estar a casi medio minuto del brasileño), y las 77 vueltas fueron una pasarela triunfal, cabal reflejo de la apabullante superioridad mostrada por Ferrari este año.
La carrera de Hungría no tuvo historia, y el único momento de tensión fue la partida, porque si bien Barrichello tomó enseguida la punta, Michael Schumacher -perjudicado por haber largado desde la parte sucia de la pista-debió resistir tenazmente el ataque por afuera de su hermano Ralf, mien-tras metros más adelante Montoya entraba en contacto con el inglés Jenson Button. Fue el comienzo de un verdadero calvario para el piloto colombia-no, al comando de un Williams que -ya con una precaria puesta a punto-desde la vuelta 22 se volvió ingobernable, cuando para resistir el ataque de Kimi Raikkonen debió transitar sobre un cordón, destrozando un desviador de flujo de aire de carbono instalado en la panza de su máquina.
Tercero terminó Ralf Schumacher, quien sólo al promediar la carrera, cuando mejoró el rendimiento de sus neumáticos Michelin (ayer netamente inferiores a los Bridgestone), comenzó a descontar algunos segundos al dúo imparable de Ferrari. También opaca fue la prueba de los dos pilotos de McLaren (Raikkonen fue cuarto y Coulthard quinto).
Dejá tu comentario