27 de noviembre 2008 - 00:00

¿Hasta cuándo aguantará?

¿Hasta cuándo aguantará?
Es probablemente el jugador argentino que más partidos disputó en lo que va de 2008. Sus 51 partidos son insuperables, quizás hasta para los compatriotas que juegan en Europa y encima, precisamente, no es Juan Román Riquelme, por sus características, alguien que base sus aptitudes máximas en su estado físico.

Hace más de un mes que arrastra una lesión en el sóleo que no le permite entrenar a fondo; sin embargo, aguanta y está presente cuando Boca o la Selección argentina lo necesitan. Nunca dice que no y hasta pide jugar partidos en los que Carlos Ischia pretendía darle descanso (como la vuelta en la semifinal de Copa Sudamericana, ante Internacional de Porto Alegre).

No tuvo descanso ni hizo la pretemporada con sus compañeros porque eligió estar presente en los Juegos Olímpicos y ser el capitán del equipo que ganó la Medalla de Oro en Shanghai.

Llegó de un viaje agotador y al otro día estaba jugando la final de la Recopa ante Arsenal y dando una nueva vuelta olímpica con su equipo. La primera que consigue con Carlos Ischia como director técnico.

En el Clausura faltó a seis partidos por planificación del técnico, que prefirió tenerlo entero para la Copa Libertadores, donde no faltó ni a un solo partido. En la segunda mitad del año, la estrategia de Ischia fue la opuesta, lo necesitó para el torneo Apertura (donde sólo faltó los tres primeros partidos por estar en China) y lo hizo descansar en la Copa Sudamericana, que la jugaron los juveniles, pero que para el partido decisivo ante Inter pidió jugar y entró a los 8 minutos del segundo tiempo.

Se lo nota cansado. Tiene partidos buenos y regulares, pero le falta la frescura que tenía a principio de temporada.

Parece que sufriera los partidos en lugar de disfrutarlos y aunque con su clase ha sido fundamental para que Boca siga siendo el líder del campeonato, la pregunta es: ¿hasta cuándo va a aguantar? El físico le permitirá jugar en plenitud los tres partidos que faltan.

Tendrá la claridad mental para poner algún pase gol como el que le puso el domingo a Luciano Figueroa o caminará por la cancha como un alma en pena. Como alguien que está cumpliendo con una obligación y no disfrutando de un juego para el que tiene talento.

Riquelme en los últimos partidos de su equipo (ganó 6 de los últimos 7) fue fundamental.
Le puso el gol a Lucas Viatri en la cabeza en el súper clásico, hizo el único gol ante San Lorenzo con un tiro libre. Marcó de la misma manera ante Arsenal en el último minuto y le hizo un pase exquisito a Luciano Figueroa para que haga el gol de «tijera» ante San Martín de Tucumán.

No tuvo un gran partido, no jugó 90 minutos brillantes, pero fue decisivo a la hora de la definición y siempre se llevó por lo menos una marca del rival. Por eso en Boca nadie se atreve a sugerirle un descanso, porque aun exhausto sigue siendo el mejor. El diferente, el que en una jugada puede definir un campeonato.

Faltan sólo tres fechas para el final, pero la pregunta es si llegará. Si el físico no se cobrará todo el trajín de un año irregular donde jugó más de 50 partidos.

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