9 de febrero 2026 - 09:21

Juegos Olímpicos de Invierno: Claudia Riegler y una vigencia que rompe cualquier edad en el snowboard

A los 52 años, la austriaca volvió a competir al máximo nivel en Livigno y demostró que la experiencia también puede ser una ventaja en la élite del deporte de invierno.

Claudia Riegler, historia pura a sus 52 años

Claudia Riegler, historia pura a sus 52 años

En un escenario dominado por atletas que podrían ser sus hijas, Claudia Riegler volvió a desafiar cualquier lógica vinculada a la edad. La snowboarder austríaca participó del eslalon gigante paralelo en los Juegos Olímpicos de Invierno, firmando una actuación que confirmó por qué su nombre sigue vigente más de dos décadas después de su debut olímpico.

Con naturalidad y humor, Riegler confesó que durante la competencia nunca piensa en los años. “Cuando estoy en la largada, no tengo idea de cuántos años tienen mis rivales”, dijo tras su presentación. El lapsus llegó cuando las llamó “chicas”, una palabra que, en su caso, evidencia la distancia generacional que existe en la pista, pero no en el nivel deportivo.

La austríaca avanzó a las rondas eliminatorias al ubicarse 16ª entre 36 competidoras, un resultado que le permitió meterse en el cuadro final y enfrentar nada menos que a la campeona defensora, Ester Ledecká, 22 años menor.

Claudia Riegler: una carrera contra la historia

El cruce ante Ledecká no tuvo sorpresa en el resultado, pero sí en el significado. Riegler terminó a 1,13 segundos, una diferencia lógica ante una de las mejores snowboarders de todos los tiempos, pero lejos de cualquier papel decorativo. “Estoy orgullosa de haber llegado hasta acá y de haber hecho una muy buena bajada final”, remarcó.

El contraste generacional fue evidente recién cuando se quitó el casco decorado con un lobo blanco: entre sus rivales había incluso una competidora de 16 años. Aun así, la austríaca se fue de Livigno con la satisfacción intacta.

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El contraste generacional fue evidente recién cuando se quitó el casco decorado con un lobo blanco: entre sus rivales había incluso una competidora de 16 años. Aun así, la austríaca se fue de Livigno con la satisfacción intacta.

El contraste generacional fue evidente recién cuando se quitó el casco decorado con un lobo blanco: entre sus rivales había incluso una competidora de 16 años. Aun así, la austríaca se fue de Livigno con la satisfacción intacta.

Su historia olímpica comenzó en Salt Lake City 2002, cuando todavía no habían nacido algunas de las actuales medallistas. Poco después, con apenas 29 años, fue apartada del equipo nacional por considerarla “demasiado grande”. Lejos de retirarse, ese golpe se transformó en combustible.

“Me dijeron que estaba vieja y decidí seguir. Tenía que encontrar mi propia verdad”, recordó. Entrenó por su cuenta, cambió de entrenador y volvió al seleccionado austríaco. El premio llegó en 2015, cuando se consagró campeona mundial de eslalon gigante paralelo, además de superar las 400 participaciones en Copas del Mundo.

Riegler no es un caso aislado. En PGS, la experiencia pesa: el campeón olímpico masculino fue el austríaco Ben Karl, de 40 años, mientras que otros referentes como Roland Fischnaller compiten con 45. Para muchos entrenadores, la disciplina exige menos impacto que modalidades aéreas y permite carreras más largas.

En el horizonte, Claudia Riegler ya piensa en un posible cierre definitivo en el próximo Mundial en Austria. “Sería un final hermoso”, deslizó. Si así fuera, lo haría como vivió toda su carrera: desafiando al tiempo, tabla en los pies.

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