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6 de octubre 2026 - 23:00

La conmovedora historia del campeón con Boca que vendió sus reliquias y manejó un remís por la salud de su hija

Ganó la Copa Libertadores con el Xeneize, pero después de dejar el club de la Ribera debió tomar decisiones límites por los problemas de salud de su hija.

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Fue parte del Boca que conquistó América en el Morumbí en 2003.

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Durante una de las épocas más ganadoras de Boca, Pablo Jerez pasó de las Inferiores a compartir plantel con varias figuras y levantar algunos de los trofeos más importantes del fútbol sudamericano. Su carrera, de todos modos, quedó atravesada muy temprano por una situación familiar que terminó modificando sus prioridades dentro y fuera de la cancha.

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El lateral siguió jugando durante años mientras buscaba sostener los tratamientos de Zoe, su hija. Cuando el retiro empezó a acercarse y la continuidad profesional dejó de estar garantizada, tuvo que buscar ingresos por otros caminos. Tiempo después, el mismo club donde había debutado volvió a aparecer en su vida.

Jeréz pudo volver a Boca tras retirarse como futbolista y trabajar para poder mantener los gastos médicos de su hija.

El paso por el Xeneize y el título internacional que lo marcó

Jerez llegó a Primera después de hacer todo el recorrido por las divisiones juveniles. Carlos Bianchi lo hizo debutar el 23 de febrero de 2003 frente a Unión, en Santa Fe, y rápidamente comenzó a encontrar minutos como lateral derecho dentro de un plantel que terminaría marcando una época.

Ese año tuvo participación en la Copa Libertadores y estuvo en cancha en una de las noches más importantes. En la revancha de la final contra Santos, disputada en el Morumbí, ingresó por Javier Villarreal durante el segundo tiempo. El Xeneize ganó 3-1, después del 2-0 conseguido en Buenos Aires, y se quedó con su quinta Libertadores.

También integró el equipo que ganó el Apertura y cerró 2003 con la Copa Intercontinental ante Milan. En 2004 sumó la Copa Sudamericana y continuó peleando por un lugar en una posición en la que Bianchi tenía varias alternativas. En total, llegó a completar 52 partidos oficiales con la camiseta azul y oro.

Su salida llegó en 2005, cuando continuó en Colón. Después pasó por Tigre, Huracán y Olimpo antes de bajar al ascenso, donde jugó para Camioneros, San Martín de Burzaco, Deportivo Merlo y Midland. Para ese momento, seguir dentro de una cancha ya tenía una importancia que iba mucho más allá de lo deportivo.

Jerez retornó a Boca para formar parte de la estructura del fútbol femenino.

De figura xeneize a remisero: "Lo hice sin dudarlo por mi hija"

Zoe nació en 2004, cuando Jerez todavía estaba en el Xeneize. Durante una internación contrajo una meningitis provocada por un virus intrahospitalario, sufrió hidrocefalia y atravesó una infección grave. Los médicos llegaron a plantearle a la familia la posibilidad de que quedara postrada y en estado vegetativo.

El defensor atravesó aquellos meses sin contar lo que ocurría en su casa. Estaba peleando por consolidarse en Primera y prefirió guardar silencio. Con el tiempo reconoció que ya no podía sostener el mismo nivel de concentración y comenzó a perder terreno.

Los años siguientes lo encontraron todavía dentro del fútbol, aunque con una necesidad. Mientras tuviera contrato podía conservar la obra social de Futbolistas Argentinos Agremiados, que cubría medicamentos, escuela y transporte para Zoe. Por eso estiró su recorrido en el Ascenso incluso cuando el retiro ya aparecía como una posibilidad cercana.

Fuera de la cancha también hizo lo que encontró a mano. Como no tenía un oficio ni una formación que le permitiera insertarse rápidamente en otro trabajo, manejó un remís con un auto prestado para sumar ingresos. La incertidumbre creció especialmente en 2019, cuando estaba en Midland y no sabía si iba a conseguir otro contrato.

El club de Libertad decidió acompañarlo y sostuvo su vínculo para que no perdiera la cobertura médica. Casi al mismo tiempo apareció Nicolás Burdisso, antiguo compañero suyo y entonces mánager de Boca. La propuesta ya no era volver como jugador profesional, sino incorporarse a la estructura del fútbol femenino.

Jerez se sumó a la secretaría técnica y comenzó a trabajar como nexo con Las Gladiadoras. Entre sus primeras tareas estuvo la reorganización del área y el seguimiento de los contratos en un momento decisivo: en agosto de 2019, las primeras futbolistas profesionales de la institución firmaron sus vínculos. Un mes después, el plantel fue presentado ante los hinchas en La Bombonera con él junto a Burdisso.

Su regreso también tuvo una parte dentro de la cancha. Se incorporó al Senior y volvió a ponerse la azul y oro apenas unas semanas después de que su situación familiar se hiciera pública. Ese conjunto terminaría consagrándose campeón en 2021 con varios futbolistas de aquella generación, entre ellos Hugo Ibarra, Marcelo Delgado, Raúl Cascini, Daniel Díaz y el propio Jerez.

Al mismo tiempo fue ganando espacio en Las Gladiadoras. Pasó de la coordinación al cuerpo técnico, trabajó como ayudante y también quedó al frente en distintos momentos. En 2022 formó parte del grupo que llegó a la final de la Copa Libertadores femenina, algo que hasta entonces ningún club argentino había conseguido.

Junto a Nicolás Burdisso, su ex compañero en el Xeneize que lo sumó a la secretaria técnica.

Las reliquias de Boca que tuvo que rematar para salir adelante

Antes de que aparecieran esas oportunidades, Jerez ya había agotado otros recursos. Entre las cosas que decidió vender estaban varias camisetas guardadas de su etapa como futbolista, incluidas algunas de sus temporadas en el conjunto de la Ribera. Eran recuerdos de los años en los que había pasado de juvenil a campeón internacional.

La decisión llegó cuando necesitaba cubrir gastos relacionados con Zoe y no encontraba demasiado margen por otro lado. Años después recordó que escuchar a Lisandro López hablar sobre vender camisetas que tenía guardadas terminó de empujarlo a hacer lo mismo. En su caso, no se trataba de liberar espacio entre recuerdos acumulados, sino de conseguir dinero.

Una de las prendas que perdió en aquella etapa era especialmente importante. Se trataba de una número 14, de mangas largas, utilizada durante la Copa Libertadores de 2003. Había quedado en manos de un coleccionista después de la venta y durante años no volvió a tenerla.

En 2024, su pareja logró localizarla y recuperarla con ayuda de la familia. El regalo lo reencontró con una casaca de la temporada en la que había ganado la Libertadores, el Apertura y la Intercontinental. Al mostrarla en sus redes sociales contó que no había podido contener la emoción.

Para entonces ya llevaba varios años nuevamente en Boca. Además de seguir participando del Senior, continuaba trabajando con el plantel femenino, donde pasó por diferentes funciones desde aquel regreso de 2019. La número 14 volvió a sus manos más de dos décadas después de aquella final en el Morumbí.

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