La situación de Boca y River
El caso de River probablemente sea el ejemplo más evidente de esa contradicción. El club renovó y amplió el Monumental, desarrolló nuevas fuentes comerciales de ingresos y acudió al mercado de capitales para financiar parte de su transformación. Según los estados contables enviados a la Comisión Nacional de Valores (CNV), los Valores de Deuda Fiduciaria vinculados al estadio bajaron de $22.195 millones al cierre de 2025 a $15.412 millones al 30 de junio de 2026, una reducción cercana al 31%.
Ese orden financiero contrasta de manera abrupta con lo que ocurre en el césped. El equipo acumuló cinco derrotas consecutivas en torneos de AFA, algo que no ocurría desde 1911, durante el amateurismo. Después de perder contra Rosario Central, los cuestionamientos alcanzaron a los futbolistas, al entrenador Eduardo Coudet y a la conducción encabezada por Stefano Di Carlo. Los cantos y protestas incluso regresaron al Hall Central del Monumental.
A la falta de campeonatos durante los últimos tres años se sumó una agresiva renovación del plantel. La dirigencia apartó a alrededor de 15 futbolistas, varios de ellos adquiridos por cifras millonarias, y los derivó a entrenamientos separados en el predio de Cantilo. Tras abandonar el club, Maximiliano Salas expuso el conflicto: “Estoy enojado, se nos trató muy mal. No merecíamos terminar así los apartados. Entiendo que podés tener o no a un jugador, pero hay formas y formas”.
Incluso Rodolfo D'Onofrio, presidente entre 2013 y 2021, consideró equivocada parte de la decisión, aunque respaldó a Di Carlo. "El contraste profundiza la discusión: River tiene capacidad para gastar, invertir y financiar infraestructura, pero esa fortaleza elevó también la exigencia deportiva. Cuanto mayor resulta la inversión, menos tolerancia encuentra la ausencia de resultados", manifestó.
Insultos en el hall de River tras la derrota ante Rosario Central.
En Boca aparece una tensión parecida. Juan Román Riquelme asumió la presidencia en diciembre de 2023 con un respaldo construido sobre su condición de máximo ídolo y con el fútbol como principal capital político. Desde entonces, el club avanzó con mejoras en la Bombonera, sostuvo buenos resultados económicos y fortaleció disciplinas como básquet, futsal y vóley. La gran deuda, paradójicamente, quedó precisamente donde mayor autoridad se le reconocía al presidente.
El Xeneize no conquistó títulos durante la presidencia de Riquelme y en 2026 volvió a disputar la Copa Libertadores luego de dos años sin jugarla bajo su gestión, pero quedó eliminado en la fase de grupos. Los cambios de entrenadores, incorporaciones que no rindieron según las expectativas y distintas decisiones de conducción desgastaron al área deportiva.
El último mercado agregó otra controversia con el regreso de Sebastián Villa, quien previamente manifestó su deseo de jugar en River y mantuvo un conflicto judicial con Boca. “Boca tiene una situación parecida a la de River. No tan sólido desde lo económico, pero si de apremios. Aunque al mismo tiempo, cuenta con una política errática de Riquelme en fútbol”, sintetizó Burgo.
Racing y el cuestionamiento a Diego Milito
La discusión sobre los ídolos convertidos en dirigentes también alcanza a Racing. Diego Milito ganó las elecciones y asumió en diciembre de 2024 después del prolongado ciclo de Víctor Blanco, quien dejó una institución que acababa de conquistar la Copa Sudamericana. Bajo la nueva administración, la Academia obtuvo la Recopa Sudamericana, pero posteriormente perdió impulso deportivo.
La salida de Gustavo Costas en mayo de 2026, la venta de figuras y la dificultad para reemplazarlas profundizaron las críticas. A eso se agregaron conflictos con Agustín García Basso, Baltasar Rodríguez y Santiago Sosa, quienes quedaron al margen del plantel en medio de negociaciones para abandonar el club. La derrota 3-1 ante Tigre terminó de encender al Cilindro, ya que esta vez, los insultos apuntaron directamente contra Milito.
“En cuanto a Racing, claramente Milito no aprovechó el viento de cola de la gestión anterior de Victor Blanco y también tomó decisiones erráticas en lo futbolístico”, afirmó Burgo.
El escenario de Boca y Racing introduce además una particularidad política: el límite entre el capital simbólico del ídolo y la evaluación del dirigente. La historia como futbolista puede conceder un margen mayor ante los primeros tropiezos, pero no garantiza inmunidad. “Creo que se profundiza todo. La cuestión de la exigencia, la insatisfacción, no tolerar la derrota, es algo que llegó para quedarse. No se va a ir. En todo caso se respeta un poco más a los ídolos, como ocurre con Riquelme”, señaló el periodista.
Los insultos contra Diego Milito tras la derrota de Racing ante Tigre.
San Lorenzo e Independiente: cuando la crisis excede a la pelota
En San Lorenzo e Independiente, en cambio, los problemas futbolísticos conviven desde hace años con condicionamientos económicos mucho más profundos. Ambos clubes atraviesan inhibiciones, reclamos, embargos y conflictos salariales, y ninguno consiguió un campeonato de liga durante la última década. “Por su parte, San Lorenzo esta pagando una economía compleja y una crisis institucional muy severa. Lo msmo ocurre con Independiente hace mucho tiempo, ambos clubes con deudas e inhibiciones”, sostuvo Burgo.
El diagnóstico más delicado aparece actualmente en San Lorenzo. Un informe presentado por la nueva Comisión Directiva encabezada por Marcelo Culotta calculó una deuda total superior a u$s67 millones, con 96 causas judiciales activas, aproximadamente u$s5,7 millones comprometidos en acuerdos con exfutbolistas y cuerpos técnicos y otros u$s425.000 correspondientes a salarios, viviendas y primas del plantel. Además, registró tres inhibiciones que representaron alrededor de u$s1,9 millones y un litigio por u$s5,2 millones con el Fondo Suizo, cuyo pedido de quiebra fue desestimado por la Justicia.
La crisis institucional de San Lorenzo tiene ribetes de inestabilidad: Culotta ganó las elecciones para completar el mandato de Marcelo Moretti, quien debió dejar la presidencia del club tras una serie de escándalos, donde acaso el mayor fue el video viralizado recibiendo una supuesta coima para fichar a un juvenil. Entre Moretti y Culotta, tuvo un paso fallido por la gestión Sergio Constantino, quien en seis meses no logró cumplir las expectativas de los socios y no revalidó en las urnas el 30 de mayo. Lo que debía ser una gestión de cuatro años terminó con tres presidentes en tres años. Los malos resultados deportivos se trasladan al clima en el Nuevo Gasómetros, y este domingo no fue la excepción: perdió el clásico de local contra Huracán luego de 25 años, aunque los hinchas estallaron -esta vez- contra los jugadores y no contra los dirigentes.
Independiente todavía intenta desprenderse de las consecuencias de años de desequilibrios financieros. En este mercado volvió a quedar inhibido por la FIFA debido a una deuda con Olimpia por el pase de Facundo Zabala, aunque finalmente abonó u$s1.110.958,90 y levantó la sanción para poder inscribir incorporaciones. Todavía debe afrontar otras dos cuotas de u$s350.000 por esa transferencia. El episodio volvió a mostrar hasta qué punto compromisos económicos originados en el fútbol pueden condicionar la planificación deportiva.
El "Rojo" también atraviesa un descontento en continuado de sus hinchas, y Néstor Grindetti debió suceder de emergencia a Fabián Doman. Ahora, El extenista Gastón Gaudio tendría todo encaminado para convertirse en candidato a presidente en las elecciones que el club de Avellaneda proyecta realizar en diciembre. Aunque el cronograma electoral todavía no fue oficializado, la fecha que se maneja es el 20 de diciembre.
La AFA, los clubes y quién asume la responsabilidad
La sucesión de conflictos también coloca bajo la lupa al sistema que contiene a esas instituciones. Claudio "Chiqui" Tapia defendió públicamente el funcionamiento de la AFA, reivindicó los campeonatos de 30 equipos y buscó separar a la conducción de la entidad de las decisiones particulares de cada institución. “No me meto en las particularidades de cada club, a veces uno quiere decir una cosa y le sale otra. Me puede gustar o no, pero los entiendo”, manifestó en una entrevista con TyC Sports.
Tapia insistió especialmente en que el poder dentro de la estructura no descansa exclusivamente sobre su figura. “Acá no decide Chiqui Tapia solo: los dirigentes votan y eligen”, aseguró al explicar la decisión de reconocer a Rosario Central por la Tabla Anual. Sobre la organización de Primera División también remarcó: “Este es el campeonato que eligieron los clubes”, dado que muchas veces las proipias instituciones cuestionan el formato del torneo.
Chiqui Tapia se desligó de las crisis en los clubes.
AFP
La afirmación introduce un elemento político relevante: los presidentes que cuestionan determinadas características del fútbol argentino también participan de los órganos que definen sus reglas.
El titular de la AFA sostuvo además que intervino para ayudar a instituciones con dificultades financieras. “Muchos han levantado la inhibición gracias a las gestiones que hizo este presidente”, afirmó al explicar que realizó gestiones ante la Conmebol para conseguir adelantos de premios, incluso para clubes cuyos dirigentes mantienen diferencias públicas con su conducción. Tapia reconoció, a su vez, una relación más frecuente con Riquelme que con Di Carlo y relativizó sus enfrentamientos con Milito y Juan Sebastián Verón al considerar que cada mandatario debe defender los intereses de su club.
Una sociedad impaciente y los cinco grandes obligados a ganar
Pero las conducciones no explican por sí solas el clima que atraviesa al fútbol argentino. La tolerancia del hincha a los procesos parece haberse reducido y la derrota adquiere rápidamente dimensiones institucionales. Burgo advirtió que el fenómeno excede ampliamente a los cinco grandes: “Y la impaciencia no solo está en los equipos grandes. Platense está en cotavos de final de Copa Libertadores y se va el técnico, Velez es de los mejores equipo e insultan al presidente, o Talleres perdió los primeros partidos y la gente cantaba que se vayan todos ”.
“Hay clubes, como Velez o Platense, donde no veo la crisis, pero la gente está como impaciente. Y esa impaciencia tiene un montón de explicaciones, no solamente ocurre en el fútbol, es una sociedad impaciente sin tolerancia a la frustración”, agregó. Así, una mala racha puede transformar una discusión deportiva en una crisis política aun cuando la institución conserve estabilidad económica, mientras que en clubes endeudados el resultado funciona como combustible para problemas estructurales que ya existían.
Los cinco grandes llegan entonces al mismo estado de tensión desde puntos de partida completamente distintos. River dispone de dinero e infraestructura, pero no encuentra resultados acordes con su inversión, Boca conserva estabilidad institucional mientras su proyecto futbolístico erosiona el capital político de Riquelme, Racing empieza a cuestionar fuertemente la administración de Milito, San Lorenzo intenta reconstruirse sobre una deuda multimillonaria y presión por los resultados, e Independiente todavía paga decisiones de gestiones anteriores.
Entre la responsabilidad de los dirigentes, un sistema de AFA que Tapia asegura que construyen los propios clubes y tribunas cada vez menos dispuestas a esperar, el problema dejó de limitarse a quién gana el domingo, dado que la crisis de los grandes también abrió una discusión sobre cómo se gobiernan las instituciones más poderosas del fútbol argentino y cuánto tiempo concede hoy el hincha para hacerlo.